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— Ni sombra de lo que usted conoció . Barrera lo ha trastornado todo . Ayá no se puede vivir . Mejor que le prendieran candela . Luego refirió que los trabajos se habían suspendido porque los vaqueros se emborrachaban y se dividían en grupos para toparse en determinados sitios de la llanada , donde , a ocultas , les vendían licor los áulicos de Barrera . Unas veces dejaban matar los caballos , entregándose estúpidamente a los toros ; otras , se dejaban coger de la soga , o al « colear » sufrían golpes mortales ; muchos se volvían a « juerguear » con Clarita ; éstos derrengaban los rangos apostando carreras , y nadie corregía el desorden ni normalizaba la situación , porque ante el señuelo del próximo viaje a las caucherías ninguno pensaba en trabajar cuando estaba en vísperas de ser rico . De esta suerte , ya no quedaban caballos mansos sino potrones , ni había vaqueros sino enfiestados ; y el viejo Zubieta , el dueño del hato , borracho y gotoso , ignorante de lo que pasaba , esparrancábase en el chinchorro a dejar que Barrera le ganara dinero a los dados , a que Clarita le diera aguardiente con la boca , a que la peonada del enganchador sacrificara hasta cinco reses por día , desechando , al desollarlas , las que no parecieran gordas . Y para colmo , los indios guahibos de las costas del Guanapalo , que flechaban reses por centenares , asaltaron la fundación del Hatico , llevándose a las mujeres y matando a los hombres . Gracias a que el río detuvo el incendio , pero hasta no sé qué noche , se veía el lejano resplandor de la candelada . — ¿ Y qué piensa usted hacer con su fundación ? — pregunté . — ¡ Defenderla ! Con diez jinetes de vergüenza , bien encarabinados , no dejaremos indio con vida . En ese instante volvió Sebastiana : — Ya se fueron — dijo . — Mamá , cuidao se yevan mi « tiple » . — Que si no manda razón alguna . — Sí : al viejo Zubieta que no me espere . Que le sigo dirigiendo la vaquería cuando me dé mejores yaneros . En pos de la mulata salimos al patio . La noche estaba obscura y comenzaba a lloviznar . Franco nos siguió a la sala y se tendió en la barbacoa . Afuera los que se marchaban cantaron a dúo : Corazón no seas caballo ; aprendé a tener vergüenza ; al que te quiera , querelo , y al que no , no le hagás fuerza . Y la pala del remo en la onda y el repentino rebotar de la lluvia apagaron el eco de la tonada . Pasé mala noche . Cuando menudeaba el canto de los gallos conseguí quedarme dormido . Soñé que Alicia iba sola , por una sabana lúgubre , hacia un lugar siniestro donde la esperaba un hombre , que podía ser Barrera . Agazapado en los pajonales iba espiándola yo , con la escopeta del mulato en balanza ; mas cada vez que intentaba tenderla contra el seductor , se convertía entre mis manos en una serpiente helada y rígida . Desde la cerca de los corrales , don Rafo agitaba el sombrero exclamando : ¡ Véngase ! ¡ Eso ya no tiene remedio !
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