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Franco sentósele en el ijar , y agarrándolo por las orejas le dobló sobre el dorso el gallardo cuello , mientras el mulato lo enjaquimaba después de ajustarle las sueltas y de amarrarle un rejo en la cola . De esta manera lo sometían , y en vez de cabestrearlo por la cabeza , lo tiraban del rabo , hasta que el infeliz , debatiéndose contra el suelo , quedó fuera de los corrales . Allí lo vendamos con la testera y la montura le oprimió por primera vez los lomos indómitos . En medio de vociferante trajín soltaron las yeguas , que se adueñaron de la llanura ; y el semental , puesto de frente a la planicie , temblaba receloso , enfurecido . Al tiempo de zafarle las maneas , exclamó el jinete : — ¡ Máma , a ve el escapulario ! Franco y don Rafael requirieron las cabalgaduras , mas el domador impidió que le sujetaran el potro : — Quédense atrá , y si quiee voltearse , échenle rejo pa evitá que me coja debajo . Luego , entre los gritos de Sebastiana , se suspendió del cuello la reliquia , santiguóse , y con gesto rápido destapó el animal . Ni la mula cimarrona que manotea espantada si el tigre se le monta en la nuca ; ni el toro salvaje que brama recorriendo el circo apenas le clavan las banderillas , ni el manatí que siente el arpón , gastan violencia igual a la de aquel potro cuando recibió el primer latigazo . Sacudióse con berrido iracundo , coceando la tierra y el aire en desaforada carrera , ante nuestros ojos despavoridos , en tanto que los amadrinadores lo perseguían , sacudiendo las ruanas . Describió grandes pistas a brincos tremendos , y tal como pudiera corcovear un centauro , subía en el viento , pegada a la silla , la figura del hombre , como torbellino , del pajonal , hasta que sólo se miró a lo lejos la nota blanca de la camisa . Al caer la tarde regresaron . Las palmeras los saludaban con tremulantes cabeceos . Llegó el potro quebrantado , sudoroso , molido , sordo a la fusta y a la espuela . Ya sin taparlo , le quitaron la silla , maneáronlo a golpes y quedó inmóvil y solo a la vera del llano . Gozosos abrazamos a Correa . — ¿ Qué opina de mi « patojo » ? — repetía Sebastiana orgullosa . — A él se le debe todo — apuntó Franco — . Tuvo la idea de ofrecerles la mejor fiesta de Casanare . Por casualidad encerramos las yeguas del hato y cogimos ese potro , que es mío y de ustedes . Ya vieron lo que pasó . Al venir la noche , aquel rey de la pampa , humillado y maltrecho , despidióse de sus dominios , bajo la luna llena , con un relincho desolado . Confieso , arrepentido , que en aquella semana cometí un desaguisado . Di en enamorar a la niña Griselda , con éxito escandaloso . En los días que Alicia tuvo fiebres , le prodigué las más delicadas atenciones ; mas ahora , consultando mi conciencia , comprendo que el regocijo de barajarme con la patrona en los cuidados de la enfermería , me importaba tanto como la enferma . La niña Griselda pasó una vez cerca de mi chinchorro y con mano insinuante la cogí del cuadril . Cerrando el puño , hizo ademán de abofetearme , miró hacia donde Alicia dormía y me sacudió con un cosquilleo .
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