Skip the article text Tap any word to see its translation
El pensamiento de la riqueza se convirtió en esos días en mi dominante obsesión , y llegó a sugestionarme con tal poder , que ya me creía ricacho fastuoso , venido a los llanos para dar impulso a la actividad financiera . Hasta en el acento de Alicia encontraba la despreocupación de quien cuenta con el futuro , sostenido por la abundancia del presente . Verdad que ella seguía enclaustrada en su misterio , mas yo me agasajaba con esta seguridad : son extravagancias de mujer rica . Cuando Fidel me avisó que el contrato se había perfeccionado , no tuve la menor sorpresa . Parecióme que el administrador de mis bienes estaba rindiéndome un informe sobre el modo acertado como había cumplido mi voluntad . — ¡ Franco , esto saldrá a pedir de boca ! ¡ Y si el negocio fallare , tengo mucho con qué responder ! Entonces Fidel , por primera vez , me averiguó el objeto de mi viaje a las pampas . Lúcidamente , ante la posibilidad de que mi compañera hubiera cometido alguna indiscreción , respondí . — ¿ No habló usted con don Rafael ? — y añadí , después de la negativa : — ¡ Caprichos , caprichos ! Se me antojó conocer a Arauca , bajar el Orinoco y salir a Europa . ¡ Pero Alicia está tan maltratada que no sé qué hacer ! Además , el negocio no me disuena . Haremos algo . — Pena me da que esta « pechugona » de Griselda quiera convertir en una modista a la señora de usted . — Despreocúpese . Alicia encuentra distracción en practicar lo que le enseñaron en el colegio . En casa divide el tiempo entre la pintura , el piano , los bordados , los encajes . . . — Sáqueme de una duda : ¿ Los cabayos de don Rafo se los dio usted ? — ¡ Ya sabe cuánto lo estimo ! ¡ Me robaron el mejor , ensillado , y todo el equipaje ! — Sí , me contó don Rafo . . . Pero quedan algunos buenos . — Regulares ; los de nuestras monturas . — Al viejo Zubieta le gustarán . ¡ Qué casualidad ésta del negocio , con un hombre tan desconfiado ! Probablemente nos hizo el ofrecimiento en previsión de que Barrera « se le atravesara » . Nunca había vendido semejante cosecha . Les respondía a los compradores : ¡ si ya no tengo que vender ! ¡ Sólo me quedan cuatro bichitos ! Y para estimularlo a la venta , se le debían depositar , con pretexto de que las guardara , las libras destinadas al trato , en la seguridad de que el oro se quedaría allí . Una vez tuvo esa táctica un « saquero » de Sogamoso , hombre corrido y negociante avisado , quien , para ganarse la voluntad del abuelo , duró borracho con él varios días . Mas cuando fueron a separar la torada , extendió Zubieta su bayetón fuera de los corrales y desnudó la mochila del cliente , advirtiéndole : « A cada torito que salga , écheme aquí una morrocotica , porque yo no entiendo de números » . Agotado el depósito , insinuó el « reinoso » : « ¡ Me faltó dinero ! ¡ Fíeme los animalitos restantes ! » . Zubieta sonrió : « ¡ Camaráa , a usté no le falta dinero ; es que a mí me sobra ‘ ganao ’ ! » . Y recogiendo el bayetón regresó irreductible . Satisfecho de mi fortuna , escuchaba la anécdota . — Franco — le dije , golpeándole el hombro — . ¡ No se sorprenda usted de nada ! El viejo sabe lo que hace . ¡ Habrá oído mi nombre . . . ! — ¡ Veleta , veleta , cómo tas de cambiao ! — Hola , niña Griselda , ¿ qué es ese tuteo ?
Back Page 24 of 159 Page 24 of 159 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.