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— Era que el Jaspe los perseguía con los vaqueros y con el « perraje » . Onde mataba uno , prendía candela y hacía como que se lo taba comiendo asao , pa que lo vieran los fugitivos o los vigías que atalayaban sobre los moriches . — Mamá , jué que los indios le mataron a él la familia , y como puaquí no hay autoridá , tié uno que desenredarse solo . Ya ven lo que pasó en el Hatico : « machetearon » a tóos los racionales y toavía humean los tizones . Blanco , ¡ hay que apandillarnos pa echarles una buscáa ! — ¡ No , no ! ¿ Cazarlos como a fieras ? ¡ Eso es inhumano ! — Pues lo que usté no haga contra eyos , eyos lo harán contra usté . — ¡ No contradigas , zambo alegatista ! El blanco es más leído que vos . Preguntále más bien si masca tabaco y dále una mascáa . — No , gracias , viejita . Eso no es conmigo . — Ahí tan remendaos tus « chiros » — díjole al mulato , aventándole la camisa — . ¡ Ora rómpelos en el monte ! ¿ Ya trujiste la « vengavenga » ? ¿ Cuánto hace que te la han solicitao ? — Si me da café , la traigo . — ¿ Y qué es eso de vengavenga ? — Encargos de la patrona . ¡ Es la cascarita de un palo que sirve pa enamorá ! Mi sensibilidad nerviosa ha pasado por grandes crisis en que la razón trata de divorciarse del cerebro . A pesar de mi exuberancia física , mi mal de pensar , que ha sido crónico , logra debilitarme de continuo , pues ni durante el sueño quedo libre de la visión imaginativa . Frecuentemente las impresiones logran su máximum de potencia , en mi excitabilidad , pero una impresión suele degenerar en la contraria a los pocos minutos de recibirla . Así , con la música , recorro la gama del entusiasmo para descender luego a las más refinadas melancolías ; de la cólera paso a la transigente mansedumbre , de la prudencia a los arrebatos de la insensatez . En el fondo de mi ánimo acontece lo que en las bahías : las mareas suben y bajan con intermitencia . Mi organismo repudia los excitantes alcohólicos , aunque saben llevar el marasmo a las penas . Las pocas veces que me embriagué , lo hice por ociosidad o por curiosidad : para matar el tedio o para conocer la sensación tiránica que bestializa a los bebedores . El día que don Rafo se separó de nosotros sentí vago pesar , augurio de males próximos , certidumbre de ausencia eterna . Yo participaba , al ver que se iba , del entusiasmo de la empresa , cuyo programa empezaba a cumplirse con las gestiones encomendadas a él . Pero a la manera que la bruma asciende a las cimas , sentía subir en mi espíritu el vaho de la congoja humedeciéndome los ojos . Y bebí con ahínco las copas que precedieron a la despedida . Así , por un momento , reconquisté la animación veleidosa ; pero mi mente seguía deprimiéndose con el eco tenaz de los sollozos de Alicia , cuando le dijo a don Rafael en un abrazo desesperado : — ¡ Desde hoy quedaré en el desierto ! Yo entendí que ese desierto tenía algo que ver con mi corazón . Recuerdo que Fidel y Correa debían acompañar al viajero hasta el propio Tame , en previsión de que los secuaces de Barrera lo asaltaran . Allí contratarían vaqueros remontados para nuestra cogienda y no podían tardar más que una semana en volver a La Maporita .
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