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« En sus manos queda mi casa » , había dicho Franco , y yo acepté la comisión con disgusto . ¿ Por qué no me llevaban a las faenas ? ¿ Imaginarían que era menos hombre que ellos ? Quizás me aventajaban en destreza , pero nunca en audacia y en fogosidad . Ese día les cobré repentino resentimiento , y loco de alcohol estuve a punto de gritar : ¡ El que cuida a dos mujeres con ambas se acuesta ! Cuando partieron entré en la alcoba a consolar a Alicia . Estaba de bruces sobre su catre , oculto el rostro en los brazos , hipante y llorosa . Me incliné para acariciarla , y apenas hizo un movimiento para alargarse el traje sobre las pantorrillas . Luego me rechazó con brusquedad . — ¡ Quita ! ¡ Sólo me faltaba verte borracho ! Entonces , en su presencia , le di un abrazo a la patrona . — ¿ No es verdad que tú si me quieres ? ¿ Que sólo he tomado dos copitas ? — Y si las bebieras con cáscaras de quinina , no te darían calenturas . — ¡ Sí , amor mío ! ¡ Lo que tú quieras ! ¡ Lo que tú quieras ! Indudablemente , fue entonces cuando salió con la botella hacia la cocina y le puso « vengavenga » . Pero yo , a los pies de Alicia , me quedé profundamente dormido . Y esa tarde no bebí más . Desperté con el alma ensombrecida por la tristeza , huraño y nervioso . Miguel había llegado del hato en un potro « coscojero » de falsa rienda , y mantenía conversación en el caney con Sebastiana . — Vengo a yevá mi gayo y a ve si Antonio me presta su tiple . — Aquí el que manda ahora es el blanco . Pedile permiso pa cogé tu poyo . El requinto no lo pueo prestá no tando su dueño . El hombre , desmontándose , acercóseme tímidamente : — Ese gayito es mío y lo quero poné en cuerda pa las riñas que vienen . Si me lo deja yevá , espero que escurezca pa cogelo en el palo . El recién venido me pareció sospechoso . — ¿ No mandó razón ninguna el señor Barrera ? — Pa usté , no . — ¿ Para quién ? — Pa naide . — ¿ Quién te vendió esa montura ? — dije , reconociendo la mía , la misma que me robaron en Villavicencio . — Se la mercó el señor Barrera a un guate que vino del interió hace dos semanas . Dijo que se la vendía porque una culebra le había matao el cabayo . — ¿ Y cómo se llama el que la vendió ? — Yo no lo vi . Apenas escuché el cuento . — ¿ Y tú acostumbras a usar la silla de Barrera ? — rugí , acogotándolo — ¡ si no me confiesas dónde está él , dónde quedó escondido , te trituro a palos ! Pero si eres leal a mi pregunta , te daré el gallo , el tiple y dos libras . — Suélteme , pa que no malicéen que le confieso . Lo llevé hacia la corraleja , y me dijo : — Quedó agazapao en la otra oriya del monte , porque no vido la señal convenía , es decir , el bayetón extendío en el tranqueo por el lao rojo . Por eso me mandó con la recomienda de que si no había peligro desensiyara el rango y lo esperara . El vendrá con la noche , y yo , como aviso debo tocá tiple , pero no he podido hablá con la mujé .
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