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— ¡ Matarlo ! ¡ Matarlo ! ¡ Y después a ti , y a mí y a todos ! ¡ No estoy loco ! ¡ Ni tampoco digan que estoy borracho ! ¿ Loco ? ¡ No ! ¡ Mientes ! ¡ Loco , no ! ¡ Quítame ese ardor que me quema el cerebro ! ¿ Dónde estás ? ¡ Tiéntame ! ¿ Dónde estás ? Sebastiana y la niña Griselda se esforzaban por sujetarme . — ¡ Calma , calma , por lo más querío ! Soy yo . ¿ No me conocés ? Me echaron en un chinchorro y pretendieron coserlo por fuera ; mas , con pataleo brutal rompí las cabuyas , y agarrando a la niña Griselda del moño , la arrastré hasta el patio . — ¡ Alcahueta ! ¡ Alcahueta ! — y de un puñetazo en el rostro la bañé en sangre . Luego , en el delirio vesánico , me senté a reír . Divertíame el zumbido de la casa , que giraba en rápido círculo , refrescándome la cabeza . « ¡ Así , así ! ¡ Que no se detenga porque estoy loco ! » . Convencido de que era un águila , agitaba los brazos y me sentía flotar en el viento , por encima de las palmeras y de las llanuras . Quería descender para levantar en las garras a Alicia , y llevarla sobre una nube , lejos de Barrera y de la maldad . Y subía tan alto , que contra el cielo aleteaba , el sol me ardía el cabello y yo aspiraba el ígneo resplandor . Cuando la convulsión hizo crisis , intenté caminar , pero sentía correr el suelo bajo mis plantas en sentido contrario . Apoyándome en la pared , entré en la sala vacía . ¡ Habían huido ! Tenía sed y de nuevo apuré la botella . Recogí el arma y para enfriarme las mejillas las oprimía contra los cañones . Triste porque Alicia me desamparaba , empecé a llorar . Luego declamé a gritos : — ¡ No le hace que me dejes solo ! ¡ Para eso soy hombre rico ! ¡ Nada quiero de ti , ni de tu muchacho , ni de nadie ! ¡ Ojalá que ese bastardo te nazca muerto ! ¡ Ni será hijo mío ! ¡ Lárgate con el que se te antoje ! Tú no eres más que una querida cualquiera . Después hice disparos . — ¿ Dónde está Franco , que no sale a defender a su hembra ? ¡ Aquí me tiene ! ¡ Yo vengaré la muerte del Capitán ! ¡ Al que se presente lo mato ! ¡ A Barrera no , a Barrera no ; para que Alicia se vaya con él ! ¡ Se la cambio por brandy , por una botella no más ! Y recogiendo la que tenía , monté en el potro , me tercié la escopeta y partí a escape por el llano impasible , dando a los aires este pregón enronquecido y diabólico : — ¡ Barrera , Barrera ! ¡ Alcohol , alcohol ! Media hora después , los del hato me vieron pasar . Del otro lado del caño me gritaban y me hacían señas . Por el vado que me indicaron hostigué el potro y salí al patio , dispersando la gente a pechadas , entre una algarabía de protestas . — ¡ A ver ! ¿ Quién manda aquí ? ¿ Por qué se esconde Barrera ? ¡ Que salga ! Y colgando la escopeta en la montura , salté desarmado . Todos esperaban perplejos . Algunos sonrieron mirándose . — ¡ Guá , chico ! ¿ Qué quieres tú ? Tal dijo una mujercilla , halconera de rostro envilecido por el colorete , cabello oxigenado y brazos flacuchos , puestos en jarras sobre el cinturón del traje vistoso . — ¡ Quiero jugar a los dados ! ¡ Nada más que jugar ! ¡ En este bolsillo están las libras ! Y tiré unas a lo alto , y se regaron en el suelo .
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