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— No sólo eso — añadió el mamarracho — . Sé muchas oraciones pa tóo . Pa topá las reses perdías , pa sacá entierros , pa hacerme invisible a los enemigos . Cuando el reclutamiento de la guerra grande me vinieron a cogé , y me les convertí en mata de plátano . Una vez me apañaron antes de acabá el rezo y me encerraron en una pieza , con doble yave ; pero me volví hormiga y me picurié . Si no hubiera sío por yo , quién sabe qué nos hubiera acontecío en la gresca de anoche . Yo tuve listo pa evaporarme cuando entraran y taparlos a tóos con mi neblina . Apenas supe que usté taba herío , le recé la oración del « sana que sana » y la hemorragia se contuvo . Lentamente fui cayendo en una quietud sonámbula , en un vago deseo de dormir . Las voces iban alejándose de mis oídos y los ojos se me llenaron de sombra . Tuve la impresión de que me hundía en un hoyo profundo , a cuyo fondo no llegaba jamás . Un sentimiento de rencor me hacía odioso el recuerdo de Alicia , la responsable de cuanto pasaba . Si alguna culpa podía corresponderme en el trance calamitoso , era la de no haber sido severo con ella , la de no haberle impuesto a toda costa mi autoridad y mi cariño . Así , con la sinrazón de este razonamiento , envenenaba mi ánima y enconaba mi corazón . ¿ Verdaderamente me habría sido infiel ? ¿ Hasta qué punto le había mareado el espíritu la seducción de Barrera ? ¿ Habría existido esa seducción ? ¿ A qué hora pudo llegarle la influencia del otro ? ¿ Las palabras reveladoras de la niña Griselda , no serían mensajes de astucia para decidirme en su favor , calumniando a mi compañera ? Tal vez había sido yo injusto y violento ; pero ella debía perdonarme , aunque no le pidiera perdón , porque le pertenecía con mis cualidades y defectos , sin que le fuera dable hacer distingos en mí . Agregábase en descargo mío que la vengavenga me llevó a la locura . ¿ Cuándo en sano juicio le di motivos de queja ? Entonces , ¿ por qué no venía a buscarme ? Parecíame a ratos verla llegar , bajo el sombrero de lánguidas plumas , tendiéndome los brazos entre sollozos : « ¿ Qué desalmado te hirió por causa mía ? ¿ Por qué estás tendido en el suelo ? ¿ Cómo no te dan la cama ? » . Y anegándome el rostro en lágrimas sentábase a mi cabecera , dándome por almohada sus muslos trémulos , peinando hacia atrás mis cabellos , con mano enternecida y amorosa . Alucinado por la obsesión , me reclinaba sobre Clarita , apartándome al reconocerla . — Chico , ¿ por qué no descansas en mis rodillas ? ¿ Quieres más limonada para la fiebre ? ¿ Te cambio el vendaje ? A veces sentía la tos impaciente de Zubieta en el corredor . — Mujé , quítate de ahí que acaloras al enfermo . ¡ Ni tu marío que juera ! Clarita se alzaba de hombros . ¿ Y por qué aquella mujer no me desamparaba , siendo una escoria de lupanar , una sombra del bajo placer , una loba ambulante y famélica ? ¿ Qué misterio redimía su alma cuando me consentía con avergonzada ternura , como cualquier mujer de bien , como Alicia , como todas las que me amaron ?
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