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Alguna vez me preguntó cuántas libras me quedaban en el bolsillo . Eran pocas , y las guardó en el seno ; mas en un momento que nos dejaron solos , me leyó un papel al oído : « Zubieta te debe doscientos cincuenta toros ; Barrera cien libras , y yo te tengo guardadas veintiocho » . — Clarita , tú me has dicho que mi ganancia en el juego estuvo exenta de dolo . Todo eso es para ti , que has sido tan buena conmigo . — Chico , ¿ qué estás diciendo ? No creas que te sirvo por interés . Sólo quiero volver a mi tierra , a pedirle perdón a mis padres , a envejecer y morir con eyos . Barrera quedó de costearme el viaje a Venezuela , y , en compensación , abusa de mí , sin más medida que su deseo . Zubieta dice que se quiere casar conmigo y yevarme a Ciudad Bolívar , al lado de mis viejecitos . Confiada en esta promesa , he vivido borracha casi dos meses , porque él me amonesta con su norma invariable : « ¿ Cuál será mi mujé ? La que me acompañe a bebé » . « En estas fundaciones me dejó botada el Coronel Infante , guerriyero venezolano , que tomó a Caicara . Ayí me rifaron al tresiyo , como simple cosa , y fuí ganada por un tal Puentes , pero Infante me descontó al liquidar el juego . Después lo derrotaron , tuvo que asilarse en Colombia y me abandonó por aquí . » Antier , cuando yegaste a cabayo , con la escopeta al arzón , atropellando a la gente , caída la gorra sobre la nuca , te me pareciste a mi hombre . Luego simpaticé contigo desde que supe que eras poeta » . Mauco entraba a rezarme la herida y tuve el tino de aparentar que creía en la eficacia de sus oraciones . Sentábase en el chinchorro a mascar tabaco , royéndolo de una rosca que parecía tasajo reseco , e inundaba el piso a salivazos sonoros . Después me daba informes sobre Barrera : — Se la pasa metío en el toldo , afiebrao . Sólo me pregunta que hasta cuando va a quearse usté aquí . ¡ Quién sabe pa qué cosas le tará haciendo usté « mal tercio » ! — ¿ Por qué no ha venido Zubieta a ocupar su chinchorro ? — Porque es « alertao » y teme otra « chirinola » . Duerme en la cocina y se tranca por dentro . — ¿ Y Barrera ha vuelto a La Maporita ? — Las calenturas no lo dejan pará . Esta afirmación me aquietaba el espíritu , pues vivía celoso de Alicia y hasta de la niña Griselda . ¿ Qué estarían haciendo ? ¿ Cómo calificarían mi conducta ? ¿ Cuándo vendrían por mí ? El primer día que tuve fuerzas para levantarme , suspendí el brazo de un pañuelo , a manera de cabestrillo , y salí al corredor . Clarita barajaba los naipes junto al chinchorro donde el viejo dormía la siesta . La casa , pajiza y a medio construir , desaseada como ninguna , apenas tenía habitable el tramo que ocupaba yo . La cocina , de paredones cubiertos de hollín , defendía su entrada con un barrizal formado por las aguas que derramaban las cocineras , sucias , sudorosas y desarrapadas . En el patio , desigual y fragoso , se secaban al sol , bajo el zumbido de los moscones , cueros de reses sacrificadas y de ellos desprendía un zamuro sanguinolentas tiras . En el caney de los vaqueros vigilaban , amarrados sobre perchas , los gallos de riña y en el suelo refocilábanse perros y lechones .
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