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Sin ser visto , me acerqué al tranquero . En los corrales , de gruesos troncos clavados , la torada prisionera se trasijaba de sed . Detrás de la casa dormían unos gañanes sobre un bayetón extendido encima de las basuras . A poco trecho , en la costa del caño , divisábanse los toldos de mi rival , y en el horizonte , hacia la fundación de La Maporita , perdíase la curva de los morichales . . . ¡ Alicia estaría pensando en mí ! Clarita , al verme , acudió con la sombrilla de muaré blanco : — Chico , el sol puede irritarte la herida . Vente a la sombra . ¡ No vuelvas a cometer despropósitos semejantes ! Y sonreía , exhibiendo los dientes llenos de oro . Como intencionalmente me hablaba en voz alta , el viejo , al oírla , se incorporó : — ¡ Ansina me gusta ! ¡ Los jóvenes no deben vivir encamaos ! Sentéme sobre la viga que servía de pretil y avoqué el meditado interrogatorio . — ¿ A cómo piensa darnos las resecitas ? — ¿ Cuáles serán ? — Las de nuestro negocio con Franco . — Con él , propiamente , no quedamos en náa . La fundación que da en prenda vale muy poco . Pero como usté las paga de « relance » , será bueno cogelas , si tiene cabayos , y después les ponemos precio . Clarita interrumpiónos : — ¿ Y cuándo le das a Cova las doscientas cincuenta que te ganó ? — ¡ Cómo ! ¿ Qué doscientas cincuenta ? Enderezándose me argüía : — Y si usté hubiera perdío , ¿ con qué había pagao ? Enséñeme las libras que trujo . — ¿ Qué es eso ? — replicó la mujer — . ¿ Acaso el único rico eres tú ? ¡ El que pierde paga ! El viejo hundía los dedos entre las mallas del chinchorro . De repente propuso : — Mañana es domingo , y me da el desquite en las riñas de gayos . — ¡ Muy bien ! « Mi admirado señor Cova : » ¿ Qué poder maléfico tiene el alcohol , que humilla la razón humana , abajándola a la torpeza y al crimen ? ¿ Cómo pudo comprometer la condición mansa de mi temperamento en un altercado que me enloqueció la lengua , hasta ofender de palabra la dignidad de usted , cuando sus merecimientos me imponen vasallaje enaltecedor que me llena de orgullo ? » Si pudiera públicamente , echarme a sus pies para que me pisoteara antes de perdonarme las reprobables ofensas , créame usted que no tardaría en implorarle esa gracia ; mas como no tengo derecho ni de ofrecerle esa satisfacción , heme aquí cohibido y enfermo , maldiciendo los pasados ultrajes que por fortuna no alcanzaron a salpicarle siquiera la merecida fama de que goza . » Como estoy envilecido por mis desaciertos , mientras usted no me dignifique con su benevolencia , no ha de parecerle extraña la condición lamentable en que a usted llego , convertido en un mercachifle común , que trata de introducir en los dominios de la poesía , la propuesta de un negocio burgués . Es el caso — y perdone usted el atrevimiento — que nuestro buen amigo el señor Zubieta me debía sumas de consideración , por dinero prestado y por mercancías , y me las pagó con unos toros que se hallan en el corral , y que yo recibí entonces en la expectativa de que usted pudiera necesitarlos . Véalos , pues , y si algún precio se digna ponerles , sepa que mi mayor ganancia , será la de haberle sido útil en algo . » Besa sus pies , fervorosamente , su desgraciado admirador ,
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