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— ¡ Sí ! Barrera me dejó ir al rodeo . No sé cómo remediará , sin cabayos . . . — Nosotros nos comprometemos a cogerle las reses que quiera , según lo que él nos pague — repuso Franco . — Yo no permito más correteos en mis sabanas , porque los bichos se « mañosean » . — Quería decir que como desde mañana empezamos la cogienda de los toros que negociamos . . . — ¡ Yo no he firmao documento con nadie , ni recuerdo de trato ninguno ! Al repetir esto se golpeaba la pierna . Cuando el viejo ocupó la hamaca , vino el gallero perdidoso y nos dijo : — Dispensen que los interrumpa . — Echáme pa acá las libras que te gané . — De eso quería tratarle : al canaguay , lo volvieron loco , al canaguay le dieron quinina , porque desde ayer el tuerto Mauco mermó las píldoras en los toldos , y usté mismo las revolvió con granos de maíz . El señor Barrera quiso que yo apostara contra usté , a pesar de lo sucedío , pa probarle que tampoco hace juego legal y que no debe seguir desacreditándolo delante del señor Cova . — Eso lo arreglarán después — interrumpió Franco , sacudiendo al amostazado vejete — . ¡ Lo importante es que me aclare ahora mismo lo del negocio , porque usted se equivoca si piensa que puede jugar conmigo ! — Franquito , ¿ venís a matarme ? — Vengo a coger el ganado que me vendió , y para eso traje vaqueros . ¡ Lo cogeré , cueste lo que cueste ! ¡ Y si no , que nos yeve el Judas ! Los vaqueros , ganosos de nuevo espectáculo , se agruparon alrededor del chinchorro . Al verlos , exclamó Zubieta : — Señores , sírvanme de testigos que me taba chanceando . Y cadavérico , porque Franco tenía revólver , se volvió hacia mí con párpados húmedos : — ¡ Guate , por Dios ! ¡ Yo te pago tus resecitas ! ¡ Franquito , no me hablés de ese modo , que me asustás ! El intruso , que presumía de leguleyo , sentenció : — ¡ La legalidá es pa tóos ! Páguele también al señor Barrera y quedamos en paz . El tá de salía pal Vichada , y usted es responsable de la demora y los perjuicios . Con energúmena reprimenda estalló el anciano , colocándose entre Fidel y yo : — ¡ Juyero , juyero ! ¿ No sabes quiénes tan aquí ? ¿ Querés que te saquemos a palos ? ¿ Por qué te mezclas con estos cabayeros , que son mis clientes y amigos queríos ? ¡ Decíle a tu Barrera que « no me sobe » , porque éstos me hacen respetá ! Y , apoyándose en nuestros hombros , le asestó un puntapié . Cuando Franco me vio la herida y le conté lo sucedido , cogió el winchester para desafiar a Barrera y salió corriendo . Clarita lo contuvo en el patio . — ¿ Qué vas a hacer ? Nosotros tomamos ya venganza — y le refirió lo del barajuste . Al ver la decisión de aquel hombre leal que arriesgaba la vida por mí , sobrecogíme de remordimiento y quise confesarle lo sucedido en La Maporita para que me matara . — Franco — le dije — . Yo no soy digno de tu amistad . ¡ Yo le pegué a la niña Griselda ! Desconcertado , se ahogó en estas voces : — ¿ Alguna falta que te cometió ? ¿ A tu señora ? ¿ A ti ? — ¡ No , no ! Me emborraché y las ofendí a ambas , sin motivo alguno . ¡ Hace ya siete días que las dejé solas ! ¡ Dispara contra mí esa carabina !
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