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— Llévennos ahora mismo — ordenó con acento declamador revolviendo el « mulengue » — al hato infernal donde un tal Cova comete crímenes cotidianos ; donde mi amigo , el potentado Barrera , corre serios peligros de vida y hacienda ; donde el prófugo Franco abusa de mi criterio tolerante , que sólo le exige conducta correcta y nada más . ¡ Pónganse ustedes incondicionalmente al servicio de la justicia , y cámbiennos estas bestias por otras mejores ! — Se equivoca usted , señor , tanto en sus conceptos como en el camino que busca . Ni el hato queda por ahí , ni las personas que nombra son todas como usted piensa , ni mis caballos bienes mostrencos . — Sepa usted , irrespetuoso joven — replicóme airado — , que por celo plausible nos aventuramos solos en estas pampas . El mensajero que me envió Zubieta clamando auxilio contra Barrera , fue seguido por otro de éste , para exigir caución al facineroso Cova . Venimos a dispensar garantías , y ustedes se favorecen también con ellas , porque la justicia es como el cielo , que nos cubre a todos . Y si es verdad que el empíreo nos cobija de balde , no es menos cierto que las relaciones de los humanos hacen necesario el sostenimiento unánime del bien común . Toda contribución es legal y pertenece al derecho público . Si no quieren ustedes servir de guías , entréguenme una cuota equivalente a lo que un baquiano de buena voluntad pidiera por su servicio . — ¿ Nos decreta usted una multa ? — ¡ Irrevocable , sin apelación ! — confirmó el secretario — . Considere que ahora no nos pagan los sueldos . — Pues miren ustedes — repuse maleante — el hato está cerca y nosotros vamos para Carozal . Descabecen aquella sabana , orillen luego la mata de monte , crucen el caño , « déjense ir » por el esterón , y desde allí divisarán la casa antes de media hora . — ¿ Oyes ? — regañó el juez — . ¡ Lo que yo te decía ! Tú me hiciste asolear por aquí , por rutas desacostumbradas , por pajonales trágicos , defraudando tus obligaciones de conocer . ¡ Te impongo una multa de cinco pesos ! Y después de reducirnos la nuestra al suministro de tabaco y fósforo , entraron en el horizonte , con rumbo contrario . Correa me aclaró algunos detalles relativos al embrollo de Franco en Arauca . Un joven llamado Helí Mesa , que « actualmente vivía como colono en el caño Caracarate » , vino una vez a La Maporita , y mientras desyerbaban el « conuco » , le relató los sucesos como testigo presencial . Franco era teniente de la guarnición , y estableció su casa lejos del cuartel , a la orilla del río . El capitán dio en perseguir a la niña Griselda , y , para cortejarla a su antojo , dejaba en servicio al subalterno . Éste , enterado ya de los propósitos del jefe , abandonó el puesto una noche y corrió a su habitación . Nadie ha sabido qué pasaría a puerta cerrada . El capitán apareció con dos puñaladas en el pecho , y , debilitado por el desangre , murió de fiebres en la misma semana , después de hacerle declaraciones a la justicia , favorables al acusado .
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