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Brincaba en los matorrales la fiera indómita al sentirse cogida , y se aguijaba tras del jinete ladeando su media luna de puñales . Con frecuencia le empitonaba el rocín , que se enloquecía corcoveando para derribar al cabalgador sobre las astas enemigas . Entonces el bayetón prestaba ayuda : o caía extendido para que el toro lo corneara mientras el potro se contenía , o en manos del desmontado vaquero coloreaba como un capote , en suertes desconcertantes , sin espectadores ni aplausos , hasta que la res , coleada , cayera . Diestramente la maneaba , le hendía la nariz con el cuchillo y por allí le pasaba la soga , anudando las puntas a la crin trasera del potrajón , para que el vacuno quedara sujeto por la ternilla en el vibrante seno de la cuerda doble . Así era conducido a la madrina , y cuando en ella se incorporaba , volvíase el jinete sobre la grupa , soltaba un cabo del rejo brutal y lo hacía salir a tirones por la nariz atormentada y sangrante . Montaba yo , alegremente , un caballito coral , apasionado por las distancias , que al ver a sus compañeros abalanzarse sobre la grey , disparóse a rienda tendida tras de ellos , con tan ágil violencia , que en un instante le pasó la llanura bajo los cascos . Adiestrado por la costumbre , dióse a perseguir a un toro barcino , y era de verse con qué pujanza le hacía sonar el freno sobre los lomos . Tiraba yo el lazo una y otra vez , con mano inexperta ; mas , de repente , el bicho , revolviéndose contra mí , le hundió a la cabalgadura ambos cuernos en la verija . El jaco , desfondado , me descargó con rabioso golpe y huyó enredándose en las entrañas , hasta que el cornúpeto embravecido lo ultimó a pitonazos contra la tierra . Advertidos del trance en que me veía , desbocáronse dos jinetes en mi demanda . Fugóse el animal por los terronales . Correa me dio su potro , y al salir desalado tras de Franco , vi que Millán , con emulador aceleramiento , tendía su caballo sobre la res ; mas ésta , al inclinarse el hombre para colearla , lo enganchó con un cuerno por el oído de parte a parte , desgajólo de la montura , y llevándolo en alto como un pelele , abría con los muslos del infeliz una trocha profunda en el pajonal . Sorda la bestia a nuestro clamor , trotaba con el muerto de rastra , pero en horrible instante , pisándolo , le arrancó la cabeza de un golpe y , aventándola lejos , empezó a defender el mútilo tronco a pezuña y a cuerno , hasta que el winchester de Fidel , con doble balazo , le perforó la homicida testa . Gritamos auxilio y nadie venía ; corrí a todas partes con la noticia y a nadie encontraba . Al fin topé unos vaqueros que tenían unidos caballo y toro a los extremos de cada soga . Al verme , las cortaron con sus cuchillos para acudir a mi llamamiento . Y corríamos más pálidos que el cadáver . Cuando llegamos al sitio de la tragedia , llevaban hacia el monte los despojos del victimado , en la hamaquilla de un bayetón sostenido por las cuatro puntas . Franco tenía la camisa llena de sangre y desfogaba a voces su agitación entre el grupo de peones silenciosos . El muerto yacía de espaldas sobre un moriche caído , y lo tenían cubierto con su propia ruana , en espera de la rigidez .
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