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— ¿ Quién es su padrino ? — Mi padrino , el Alcalde . — Esto no es para mí — dije , devolviendo el papel , sin haberlo leído . — ¿ No son , pues , sus mercedes los que estuvieron en el trapiche ? — Absolutamente . Voy de Intendente a Villavicencio y esta señora es mi esposa . Al escuchar tales afirmaciones , permaneció indeciso . — Yo creí — balbuceó — , que eran sus mercedes los acuñadores de monedas . De la ramada estuvieron mandando razón al pueblo para que la autoridad los acompañara , pero mi padrino estaba en su hacienda , pues sólo abre la Alcaldía los días de mercado . Recibió también varios telegramas , y como ahora soy Comisario único . . . Sin dar tiempo a más aclaraciones , le ordené que acercara el caballo de la señora . Alicia , para ocultar la palidez , velóse el rostro con la gasa del sombrero . El importuno nos veía partir , sin pronunciar palabra . Mas , de repente , montó en su yegua , y acomodándose en la enjalma que le servía de montura , nos flanqueó sonriendo : — Sumercé , firme la notificación para que mi padrino vea que cumplí . Firme como Intendente . — ¿ Tiene usted una pluma ? — No , pero adelante la conseguimos . Es que , de lo contrario , el Alcalde me archiva . — ¿ Cómo así ? — respondíle sin detenerme . — Ojalá sumercé me ayude , si es cierto que va de empleado . Tengo el inconveniente de que me achacan el robo de una novilla y me trajeron preso , pero mi padrino me dio el pueblo por cárcel , y luego a falta de Comisario , me hizo el honor a mí . Yo me llamo Pepe Morillo Nieto , y por mal nombre me dicen « Pipa » . El cuatrero , locuaz , caminaba a mi diestra , relatando sus padecimientos . Pidióme la maleta de la ropa y la atravesó en la enjalma , sobre sus muslos , cuidando de que no se cayera . — No tengo — dijo — con qué comprar una ruana decente , y la situación me ha reducido a vivir descalzo . Aquí , donde sus mercedes me ven , este sombrero tiene más de dos años , y lo saqué de Casanare . Alicia , al oír esto , volvió hacia el hombre los ojos asustadizos . — ¿ Ha vivido usted en Casanare ? — le preguntó . — Sí , sumercé ; y conozco el Llano y las caucherías del Amazonas . Mucho tigre y mucha culebra he matado con la ayuda de Dios . A la sazón encontrábamos arrieros que conducían sus recuas . El Pipa les suplicaba : — Háganme el bien y me prestan un lápiz para una firmita . — No « cargamos » eso . — Cuidado con hablarme de Casanare en presencia de la señora — le dije en voz baja — . Siga usted conmigo y en la primera oportunidad me da a solas los informes que pueden ser útiles al Intendente . El dichoso Pipa habló cuanto pudo , derrochando hipérboles . Pernoctó con nosotros en las cercanías de Villavicencio , convertido en paje de Alicia , a quien distraía su verba . Y esa noche se « picureó » , robándose mi caballo ensillado . Mientras mi memoria se empañaba con estos recuerdos , una claridad rojiza se encendió de súbito . Era la fogata de insomne reflejo , colocada a pocos metros de los chinchorros , para conjurar el acecho del tigre y otros riesgos nocturnos . Arrodillado ante ella como ante una divinidad , don Rafo la soplaba con su resuello .
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