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Así lo fue internando en las soledades hasta dar con una caverna donde lo tuvo preso muchos años . » Para castigarle el pecado de la lujuria , chupábale los labios hasta rendirlo , y el infeliz , perdiendo su sangre , cerraba los ojos para no verle el rostro , peludo como el de un mono orangután . Ella , a los pocos meses , quedó encinta y tuvo dos mellizos aborrecibles : un vampiro y una lechuza . Desesperado el misionero porque engendraba tales seres , se fugó de la cueva , pero sus propios hijos lo persiguieron , y de noche , cuando se escondía , lo sangraba el vampiro , y la lechuza lo reflejaba , encendiendo sus ojos parpadeantes , como lamparillas de vidrio verde . » Al amanecer proseguía la marcha , dando al flácido estómago alguna ración de frutas y “ palmitos ” . Y desde la que hoy se conoce con el nombre de Laguna Mapiripana , anduvo por tierra , salió al Guaviare , por aquí arriba , y , desorientado , remontólo en una canoa que halló clavada en un varadero ; pero le fue imposible vencer el chorreón de Mapiripán , donde la indiecita había enfurecido el agua , metiendo en la corriente enormes piedras . Descendió luego a la hoya del Orinoco y fue atajado por los raudales del Maipures , obra endemoniada de su enemiga , que hizo también los saltos del Isana , del Inírida y del Vaupés . Viendo perdida toda esperanza de salvación , regresó a la cueva , guiado por los foquillos de la lechuza , y al llegar vio que la indiecita le sonreía en su columpio de enredaderas florecidas . Postróse para pedirle que lo defendiera de su progenie , y cayó sin sentido al escuchar esta cruel amonestación : ‘ ¿ Quién puede librar al hombre de sus propios remordimientos ? ’ . » Desde entonces se entregó a la oración y a la penitencia y murió envejecido y demacrado . Antes de la agonía , en su lecho mísero de hojas y líquenes , lo halló la indiecita tendido de espaldas agitando las manos en el delirio , como para coger en el aire a su propia alma ; y al fenecer , quedó revolando entre la caverna una mariposa de alas azules , inmensa y luminosa como un arcángel , que es la visión final de los que mueren de fiebres en estas zonas » . Nunca he conocido pavura igual a la del día que sorprendí a la alucinación en mi cerebro . Por más de una semana viví orgulloso de la lucidez de mi comprensión , de la sutileza de mis sentidos , de la finura de mis ideas ; me sentía tan dueño de la vida y del destino , hallaba tan fáciles soluciones a sus problemas , que me creí predestinado a lo extraordinario . La noción del misterio surgió en mi ser . Gozábame en adiestrar la fantasía y me desvelaba noches enteras , queriendo saber qué cosa es el sueño y si está en la atmósfera o en las retinas . Por primera vez mi desvío mental se hizo patente en el hosco Inírida , cuando oí a las arenas suplicarme : « No pises tan recio , que nos lastimas . Apiádate de nosotras y lánzanos a los vientos , que estamos cansadas de ser inmóviles » . Las agité con braceo febril , hasta provocar una tolvanera , y Franco tuvo que sujetarme por el vestido porque no me arrojara al agua al escuchar las voces de las corrientes : « ¿ Y para nosotras no hay compasión ? Cógenos en tus manos , para olvidar este movimiento , ya que la arena impía no nos detiene y le tenemos horror al mar » .
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