Skip the article text Tap any word to see its translation
Claramente , desde aquel día , tuve el presentimiento de lo fatal . Todas las desgracias que han sucedido se me anunciaron en ese momento . Sin embargo , avancé indomable por la playa arriba , mirando a veces , con íntimo afán la contraria costa , seguro de que mis plantas no volverían a hollar nunca el suelo que invadían . Cuando mis ojos encontraban los de Fidel , sonreíamos silenciosos . — Mejor que el Pipa se picuriara — exclamó Correa — . Ese bandío endemoniao y repelente , era peligroso . ¡ Cómo fregó con la cantaleta de que saliéramos al Guainía por el arrastraero del caño Neuquén ! ¡ Toos estos montes le metían mieos ! Pero más el coronel Funes . — Dices bien — le repuse — . Siempre temía que en cualquier raudal saliera a atacarnos la indiada prófuga que se guarece en este desierto , donde son sus defensas chorros y espesuras . — Y dale que dale con la « fregancia » de que veía humos en los riscos . Y no admitía que eran vapores de otras cascáas . — Pero es innegable que ha andado gente por aquí — observó Mesa — . Miren la poyata del remanso : espinas de pescado , fogones , cáscaras . — Algo más raro aún — agregó Franco — . Latas de salmón , botellas vacías . No se trata de indios solamente . Éstos son gomeros recién entrados . Al escuchar tales palabras pensé en Barrera , mas afirmó el Catire , cual si adivinara mis cavilaciones : — Tengo plena evidencia de que nuestra gente está en el Guainía . Por lo demás , los rastros son pocos . No han pisoteado el arenal veinte personas , y todas las huellas son de pies grandes . Éstos han sido venezolanos . Conviene tirarnos a la orilla para buscar más señas . En la línea oscura de aquellos montes se ve un claro . Tal vez el estuario del río Papunagua . Y aquella tarde , tendidos de pecho en una balsa y braceando en la espuma por falta de remos , pasamos a la opuesta riba , sobre la onda apacible que ensangrentaba el sol . Mi dureza contra el vigía fue bestial . Lo hubiera matado al menor intento de resistencia . Cuando bajaba con trémulos pies los escalones del palo oblicuo que servía de escalera al zarzo , lo empujé para que cayera ; y al mirarlo de bruces , inofensivo , atolondrado , lo agarré por el pelo para verle la cara . Era un anciano de elevada estatura , que me miraba con tímidos ojos y erguía los brazos sobre la cabeza por impedir que lo macheteara . Sus labios se estremecían con suplicantes balbuceos : — ¡ Por Dios ! ¡ No me mate usted , no me mate usted ! Al escuchar tal imploración , percibiendo la semejanza que la ancianidad venerable da a los hombres , me acordé de mi anciano padre , y , con alma angustiada , abracé al cautivo para levantarlo del suelo en que yacía . En mi propio sombrero le ofrecí agua . — Perdóneme — le dije — ; no me había dado cuenta de su vejez . Mientras tanto mis compañeros , que sitiaban el barracón para garantizar mi acometida , saquearon el zarzo , antes que pudiera contenerlos . Persona alguna hallábase en él . Bajaron con la carabina del prisionero . — ¿ De quién es este máuser ? — le gritó Franco . — Mío , señor — dijo el aludido con voz agitada . — ¿ Y qué hace usted aquí armado de máuser ? — Me dejaron enfermo hace días . — ¡ Usted es centinela de los raudales ! ¡ Y si lo niega , lo fusilamos !
Back Page 81 of 159 Page 81 of 159 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.