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Antes que terminase , con esguince colérico , le zafé a Alicia uno de sus zapatos y lanzando al hombre contra el tabique , lo acometí a golpes de tacón en el rostro y en la cabeza . El borracho , tartamudeando , se desplomó sobre los sacos de arroz que ocupaban el ángulo de la sala . Allí roncaba media hora después , cuando Alicia , don Rafo y yo , huímos en busca de las llanuras intérminas . — Aquí está el café — dijo don Rafo , parándose delante del mosquitero — . Despabílense , niños , que estamos en Casanare . Alicia nos saludó con tono cordial y ánimo limpio : — ¿ Ya quiere salir el sol ? — Tarda todavía : el carrito de estrellas apenas va llegando a la loma — y nos señaló don Rafo la cordillera , diciendo — : « Despidámonos de ella , porque no la volveremos a ver . Sólo quedan llanos , llanos y llanos » . Mientras apurábamos el café , nos llegaba el vaho de la madrugada , un olor a « pajonal » fresco , a surco removido , a leños recién cortados , y se insinuaban leves susurros en los abanicos de los « moriches » . A veces , bajo la transparencia estelar , cabeceaba alguna palmera humillándose hacia el oriente . Un regocijo inesperado nos henchía las venas , a tiempo que nuestros espíritus , dilatados como la pampa , ascendían agradecidos de la vida y de la creación . — Es encantador Casanare — repetía Alicia — . No sé por qué milagro , al pisar la llanura , aminoró la zozobra que me inspiraba . — Es que — dijo don Rafo — esta tierra lo alienta a uno para gozarla y para sufrirla . Aquí , hasta el moribundo ansía besar el suelo en que va a podrirse . Es el desierto , pero nadie se siente solo : son vuestros hermanos el sol , el viento y la tempestad . Ni se les teme ni se les maldice . Al decir esto , me preguntó don Rafo si era tan buen jinete como mi padre , y tan valeroso en los peligros . — Lo que se hereda no se hurta — respondí jactancioso , en tanto que Alicia , con el rostro iluminado por el fulgor de la hoguera , sonreía confiada . Don Rafo era mayor de sesenta años y había sido compañero de mi padre en alguna campaña . Todavía conservaba ese aspecto de dignidad que denuncia a ciertas personas venidas a menos . La barba canosa , los ojos tranquilos , la calva luciente , convenían a su estatura mediana , contagiosa de simpatía y de benevolencia . Cuando oyó mi nombre en Villavicencio , y supo que sería detenido , fue a buscarme con la buena nueva de que Gámez y Roca le había jurado interesarse por mí . Desde nuestra llegada hizo compras para nosotros , atendiendo los encargos de Alicia . Ofreciónos ser nuestro baquiano de ida y regreso , y que a su vuelta de Arauca llegaría a buscarnos al hato de un cliente suyo , donde permaneceríamos alojados unos meses . Casualmente , hallábase en Villavicencio , de salida para Casanare . Después de su ruina , viudo y pobre , les cogió apego a los Llanos , y , con dinero de su yerno , los recorría anualmente , como ganadero y mercader ambulante al pormenor . Nunca había comprado más de cincuenta reses , y entonces arreaba unos caballejos hacia las fundaciones del bajo Meta y dos mulas cargadas de baratijas .
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