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— Es la turca Zoraida Ayram , que anda por estos ríos negociando corotos con los « siringueros » y tiene en Manaos una pulpería de renombre . — Oiga usted . Es indispensable que nos conduzcan al Guaracú , para hablar con la señora Zoraida Ayram antes que regrese el Cayeno . — La conozco mucho y fuí su sirviente . Ella me trajo al Río Negro desde el Putumayo . Me trataban allí tan mal , que me eché a sus pies rogándole que me comprara . Mi deuda valía dos mil soles : la pagó con mercaderías , me llevó a Manaos y a Iquitos , sin reconocerme jornal ninguno , y luego me vendió por seis contos de reis a su compatriota Miguel Pezil , para los gomales de Naranjal y Yaguanarí . — Hola , ¿ qué dice usted ? ¿ Conoce el siringal de Yaguanarí ? Franco , el Catire y el mulato prorrumpieron : — ¡ Yaguanarí ! . . . ¡ Yaguanarí ! . . . ¡ Para allá vamos ! — ¡ Sí , señores ! Y , según decía la madona , llegaron hace un mes a dicho lugar veinte colombianos y varias mujeres a picar goma . — ¡ Veinte ! ¡ Tan solo veinte ! ¡ Si eran setenta y dos ! Hubo un grave silencio de indecisión . Nos mirábamos unos a otros , fríos y pálidos . Y repetíamos inconscientes : — ¡ Yaguanarí ! ¡ Yaguanarí ! — Como ya les dije — agregó don Clemente Silva , después que le relatamos nuestra odisea — , no puedo suministrar otros informes . Conozco a Barrera de oídas , pero sé que tiene negocios con Pezil y con el Cayeno , y que tratan de liquidar la compañía porque la madona reclama el pago de un dinero y se niega a conceder más prórrogas . Entiendo que Barrera se había obligado a sacar de Colombia un personal de doscientos hombres ; mas se apareció con un número exiguo , pues ha venido abonando a sus acreedores deudas viejas con caucheros de los que trae . Por lo demás , los colombianos no tenemos precio en estas comarcas : dicen que somos insurrectos y volvedores . Comprendo perfectamente el deseo de ponerse al habla con la madona ; pero es preciso tener paciencia . Mi turno de vigía sólo se me vence el sábado próximo . — Y si su relevo nos sorprendiera , ¿ qué diría ? — No hay cuidado . Él bajará por el Papunagua y nosotros regresaremos por la « pica » nueva , dejándole un fogón prendido para que vea que estuve aquí . Desde este zarzo se domina el río y se divisan los navegantes . No comprendo cómo me capturaron ustedes . — Veníamos perdidos por esta ribera . Y como los perros encontraron huellas humanas . . . Mas ese detalle poco importa . ¿ Con que será preciso esperar ? — Y aparecer en las barracas a la hora que el « Váquiro » esté ausente , inspeccionando en las entradas a los caucheros . Ese capataz es muy malgeniado . Cuando yo les señale los caneyes , se presentan ustedes , solos , a quejarse de que traían , para vender , mañoco fresco y unos gendarmes se lo arrebataron . ( Allá se sabe ya que esos gendarmes eran de Funes y que el Cayeno los acuchilló ) . Agreguen que les « trambucaron » en los raudales la curiara , y tuvieron ustedes que venirse por las orillas y los montes , hasta que yo les puse la mano . Adviertan que , como venían a pedir auxilio , los llevé a la trocha de Guaracú , y que ustedes llegan , acatando mis instrucciones , a implorar garantías . Este discurso agradará , porque aumenta el crédito de la empresa y desmiente a sus detractores .
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