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Ningún cauchero oyó jamás su nombre . A veces se alegraba mi reflexión al considerar que Lucianito no había palpado la bruta inmoralidad de esas costumbres ; mas ¡ cuán poco me duraba el consuelo ! Era seguro que se encontraba en remotos cauchales , bajo otros amos , educándose en la crueldad y la villanía , enloquecido de humillación y de miseria . Mi capataz principió a quejarse de mi trabajo . Un día me cruzó la cara de un latigazo y me envió preso al barracón . Toda la noche estuve en el cepo , y , en la siguiente , me mandaron para “ El Encanto ” . Había logrado lo que pretendía : buscar a Lucianito en otros gomales » . Don Clemente Silva enmudeció . Tocábase la frente con las manos estremecidas , como si aún sintiera en su rostro el culebreo del látigo infame . Y agregó después : — Amigos , esta pausa abarca dos años . De allí me picurié para La Chorrera . « Recuerdo que la noche de mi llegada celebraban el Carnaval . Frente a los barandales del corredor discurría borracha una muchedumbre clamorosa . Indios de varias tribus , blancos de Colombia , Venezuela , Perú y Brasil , negros de las Antillas , vociferaban pidiendo alcohol , pidiendo mujeres y chucherías . Entonces , desde una trastienda , aventábanles triquitraques , botones , potes de atún , cajas de galletas , tabaco de mascar , alpargatas , franelas , cigarros . Los que no podían coger nada , empujaban , por diversión , a sus compañeros sobre el objeto que caía , y encima de él arracimábase el tumulto , entre risotadas y pataleos . Del otro lado , junto a las lámparas humeantes , había grupos nostálgicos , escuchando a los cantores que entonaban aires de sus tierras : el bambuco , el joropo , la “ cumbia – cumbia » . De repente , un capataz velludo y bilioso se encaramó sobre una tarima y disparó al viento su winchester . Expectante silencio . Todas las caras se volvieron al orador . ‘ Caucheros — exclamó éste — , ya conocéis la munificencia del nuevo propietario . El señor Arana ha formado una compañía que es dueña de los cauchales de La Chorrera y los de El Encanto . ¡ Hay que trabajar , hay que ser sumisos , hay que obedecer ! Ya nada queda en la pulpería para regalaros . Los que no hayan podido recoger ropa , tengan paciencia . Los que están pidiendo mujeres , sepan que en las próximas lanchas vendrán cuarenta , oídlo bien , cuarenta , para repartirlas de tiempo en tiempo entre los trabajadores que se distingan . Además , saldrá pronto una expedición a someter a las tribus « andoques » y lleva encargo de recoger « guarichas » donde las haya . Ahora , prestadme todos atención : cualquier indio que tenga mujer o hija debe presentarla en este establecimiento para saber qué se hace con ella . » Inmediatamente otros capataces tradujeron el discurso a la lengua de cada tribu , y la fiesta siguió como antes , coreada por exclamaciones y aplausos . » Yo me escurría por entre la gente , temeroso de hallar a mi hijo . fue la primera vez que no quise verlo . Sin embargo , miraba a todas partes y resolví preguntar por él : señor , ¿ usted conoce a Luciano Silva ? Dígame , ¿ entre esta gente habrá algún pastuso ?
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