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Mas eso mismo obliga mi fe de hombre reconocido . No quisiera comprometerme sin tener la seguridad de cumplir . Me gustaría ir al Caquetá , por lo pronto , como rumbero , mientras estudio la región y abro alguna trocha estratégica . » — Muy bien pensado , y así será . Eso queda al cuidado suyo , y el hijo de usted a mi cuidado . Pida un winchester , víveres , una brújula y llévese un indio como carguero . » — Gracias , señor , pero mi cuenta se aumentaría . » — Eso lo pago yo , ése es mi regalo de Carnaval » . « El pasaporte que me dio el amo hacía rabiar de envidia a los capataces . Podía yo transitar por donde quisiera y ellos debían facilitarme lo necesario . Mis facultades me autorizaban para escoger hasta treinta hombres y tomarlos de las cuadrillas que me placieran , en cualquier tiempo . En vez de dirigirme hacia el Caquetá , resolví desviarme por la hoya del Putumayo . Un vigilante de las entradas del caño Eré , a quien llamaban “ El Pantero » por sobrenombre , me puso preso y envió en consulta el salvoconducto . La respuesta fue favorable , pero me reformaron la atribución : en ningún caso podía escoger a Luciano Silva . » La citada orden echó por tierra mis planes , porque yo buscaba a mi hijo para llevármelo . Muchas veces , al sentir el estruendo de los cauchales derribados por las peonadas , pensaba que mi chicuelo andaría con ellas y que podía aplastarlo alguna rama . Por entonces se trabajaba el caucho negro tanto como el “ siringa ” , llamado “ goma borracha ” por los brasileños ; para sacar éste , se hacen incisiones en la corteza , se recoge la leche en petaquillas y se cuaja al humo ; la extracción de aquel exigía tumbar el árbol , hacerle lacraduras de cuarta en cuarta , recoger el jugo y depositarlo en hoyos ventilados , donde lentamente se coagulaba . Por eso era tan fácil que los ladrones lo traspusieran . » Cierto día sorprendí a un peón tapando su depósito con tierra y hojas . Circulaba ya la falsa especie de que yo ejercía fiscalización por cuenta del amo , leyenda que me puso en grandes peligros porque me granjeó muchas odiosidades . El sorprendido cogió el machete para destroncarme , pero yo le tendí mi winchester , advirtiéndole : » — Te voy a probar que no soy espía . No contaré nada . Pero si mi silencio te hace algún bien , dime dónde está Luciano Silva . » — ¡ Ah ! . . . ¿ Silvita ? . . . ¿ Silvita ? . . . Trabaja en Capalurco , sobre el río Napo , con la peonada de Juan Muñeiro . » Esa misma tarde principié a picar la trocha que va desde el caño Eré hasta el Tamboriaco . En esa travesía gasté seis meses : tuve que comer yuca silvestre , a falta de mañoco . ¡ Qué tan grande sería mi extenuación , cuando decidí descansar un tiempo , en el abandono y la soledad ! » En el Tamboriaco encontré peones de la cuadrilla que residían en un lugar llamado “ El Pensamiento ” . El capataz me invitó a remontar el caño , so pretexto de que visitara el barracón , donde me daría víveres y curiara . Esa noche , apenas quedamos solos , me preguntó : » — ¿ Y qué dicen los empresarios contra Muñeiro ? ¿ Lo perseguirán ? » — Acaso Muñeiro . . . » — Se fugó con peones y caucho , hace cinco meses .
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