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‘ Estos crímenes , que avergüenzan a la especie humana — solía decirme — deben ser conocidos por todo el mundo para que los gobiernos se apresuren a remediarlos ’ . Envió notas a Londres , París y Lima , acompañando vistas de sus denuncias , y pasaron tiempos sin que se notara ningún remedio . Entonces decidió quejarse a los empresarios , adujo documentos y me envió con cartas a La Chorrera . » Sólo Barchilón se encontraba allí . Apenas leyó el abultado pliego , hizo que me llevaran a su oficina . » — ¿ Dónde conseguiste botas de “ soche » ? — gruñó al mirarme . » — El mosiú me las dio con este vestido . » — ¿ Y dónde ha quedado ese vagabundo ? » — Entre el caño Campuya y Lagarto – cocha — afirmé mintiendo — . Poco más o menos a treinta días . » — ¿ Por qué pretende ese aventurero ponerle pauta a nuestro negocio ? ¿ Quién le otorgó permiso para darlas de retratista ? ¿ Por qué diablos vive alzaprimándome los peones ? » — Lo ignoro , señor . Casi no habla con nadie y cuando lo hace , poco se le entiende . . . » — ¿ Y por qué nos propone que te vendamos ? » — Cosas de él . . . » El furioso judío salió a la puerta y examinaba contra la luz algunas postales de la kodak . » — ¡ Miserable ! ¿ Este espinazo no es el tuyo ? » — ¡ No , señor ; no , señor ! » — ¡ Pélate medio cuerpo , inmediatamente ! » Y me arrancó a tirones blusa y franela . Tal temblor me agitaba , que , por fortuna , la confrontación resultó imposible . El hombre requirió la pluma de su escritorio , y , tirándomela de lejos , me la clavó en el homoplato . Todo el cuadril se me tiñó de rojo . » — Puerco , quita de aquí , que me ensangrientas el entablado . » Me precipitó contra la baranda y tocó un silbato . Un capataz , a quien le decíamos “ El Culebrón ” , acudió solícito . El amo ordenó al entrar : » — Ajústale las botas con un par de grillos , porque , de seguro , le quedan grandes . » Así se hizo . » El Culebrón se puso en marcha con cuatro hombres , a llevar la respuesta , según se decía . » ¡ El infeliz francés no salió jamás ! » . « El año siguiente fue para los caucheros muy fecundo en expectativas . No sé cómo , empezó a circular subrepticiamente en gomales y barracones un ejemplar del diario “ La Felpa » , que dirigía en Iquitos el periodista Saldaña Roca . Sus columnas clamaban contra los crímenes que se cometían en el Putumayo , y pedían justicia para nosotros . Recuerdo que la hoja estaba maltrecha , a fuerza de ser leída , y que en el siringal del caño Algodón , la remendamos con caucho tibio , para que pudiera viajar de estrada en estrada oculta entre un cilindro de bambú que parecía cabo de hachuela . » A pesar de nuestro recato , un gomero del Ecuador a quien llamábamos “ El Presbítero ” , le sopló al vigilante lo que ocurría , y sorprendieron cierta mañana , entre unos palmares de “ chiquichiqui ” , a un lector descuidado y a sus oyentes , tan distraídos en la lectura que no se dieron cuenta del nuevo público que tenían . Al lector le cosieron los párpados con fibras de “ cumare ” y a los demás les echaron en los oídos cera caliente . » El capataz decidió regresar a El Encanto para mostrar la hoja ; y como no tenía curiara , me ordenó que lo condujera por entre el monte .
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