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¿ Estos harapos que envilecen mi cuerpo no están gritando la miseria en que viví siempre ? » — Y el robo de tu hijo . . . » — ¡ Mi hijo no roba ! ¡ Aunque haya crecido entre bandoleros ! No lo confunda con los demás . ¡ Él no le ha vendido caucho ninguno ! Usted hizo el trato con Juan Muñeiro , recibió la goma y se la debe en parte . ¡ He revisado ya los libros ! » — ¡ Ay , este hombre es un espía ! ¡ Me engañaron los de El Encanto ! ¡ Traición del viejo Balbino Jácome ! ¡ Pero de mí no te burlarás ! ¡ Cuando desembarquemos , te haré prender ! » — ¡ Sí , que me entreguen al Juez Valcárcel , para quien llevo graves revelaciones ! » — ¡ Ajá ! ¿ Piensas meterme en nuevos embrollos ? » — ¡ Pierda cuidado ! No seré delator cuando he sido víctima . » — Yo arreglo eso . ¡ Me echarás encima el odio de Arana ! » — No mentaré lo de Juan Muñeiro . » — ¡ Vas a crearte enemigos muy poderosos ! ¡ En Manaos te dejaré libre ! ¡ Irás al Vaupés y abrazarás a Luciano Silva , tu hijo querido , quien de seguro anda buscándote ! » — No desistiré de hablar con mi Cónsul . ¡ Colombia necesita de mis secretos ! ¡ Aunque muriera inmediatamente ! ¡ Ahí le queda mi hijo para luchar ! » Horas después desembarcamos » . « El altercado con la madona me enalteció . A las últimas frases , me troqué en amo , temido por mi dueña , mirado con respeto por la servidumbre de la lancha y del bongo . El motorista y el timonel , que en días anteriores me obligaban a lavar sus ropas , no sabían qué hacer con el “ señor Silva » . Al saltar a tierra , uno de ellos me ofreció cigarrillos , mientras que el otro me alargaba la yesca de su eslabón , sombrero en mano . » — ¡ Señor Silva , usted nos ha vengado de muchas afrentas ! » La mestiza del Parintins , camarera de la madona , pidió a los hombres , desde la lancha , que descorrieran las cortinas de a bordo . » — Pronto , que la señorita tiene cefálicos . Ya se ha tomado dos aspirinas . ¡ Es urgente guindarle la hamaca ! » Mientras los marineros obedecían , medité mis planes : ir al Consulado de mi país , exigirle al Cónsul que me asesorara en la Prefectura o en el Juzgado , denunciar los crímenes de la selva , referir cuanto me constaba sobre la expedición del sabio francés , solicitar mi repatriación , la libertad de los caucheros esclavizados , la revisión de libros y cuentas en la Chorrera y en El Encanto , la redención de miles de indígenas , el amparo de los colonos , el libre comercio en caños y ríos . Todo , después de haber conseguido la orden de amparo a mi autoridad de padre legítimo , sobre mi hijo menor de edad , para llevármelo , aun por la fuerza , de cualquier cuadrilla , barraca o monte . » La camarera se me acercó : » — Señor Silva , nuestra señora ruega a usted que ordene sacar del bongo lo que allí venga , y que haga en la Aduana las gestiones indispensables , como cosa propia , por ser usted el hombre de confianza . » — Dígale que me voy para el Consulado . » — ¡ Pobrecita , cómo ha llorado al pensar en “ Lu » ! » — ¿ Quién es ese “ Lu » ? » — Lucianito . Así le decía cuando anduvieron juntos en el Vaupés . » — ¡ Juntos ! » — ¡ Sí señor , como beso y boca !
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