Skip the article text Tap any word to see its translation
Una mañana , al salir el sol , vino una catástrofe impresentida . Los hombres que en el caney curaban su hígado , oyeron gritos desaforados y se agruparon en la roca . Nadando en medio del río como si fueran patos descomunales , bajaban los bolones de goma , y el cauchero que los arreaba venía detrás , en canoa minúscula , apresurando con la palanca a los que se demoraban en los remansos . Frente al barracón , mientras pugnaban por encerrar su rebaño negro en la ensenada del puertecito , elevó estas voces , de más gravedad que un pregón de guerra : — ¡ Tambochas , tambochas ! ¡ Y los caucheros están aislados ! ¡ Tambochas ! Esto equivalía a suspender trabajos , dejar la vivienda , poner caminos de fuego , buscar otro refugio en alguna parte . Tratábase de la invasión de hormigas carnívoras , que nacen quién sabe dónde y al venir el invierno emigran para morir , barriendo el monte en leguas y leguas , con ruidos lejanos , como de incendio . Avispas sin alas , de cabeza roja y cuerpo cetrino , se imponen por el terror que inspiran su veneno y su multitud . Toda guarida , toda grieta , todo agujero ; árboles , hojarascas , nidos , colmenas , sufren la filtración de aquel oleaje espeso y hediondo , que devora pichones , ratas , reptiles , y pone en fuga pueblos enteros de hombres y de bestias . Esta noticia derramó la consternación . Los peones del tambo recogían sus herramientas y « macundales » con revoltosa rapidez . — ¿ Y por qué lado viene la ronda ? — preguntaba Manuel Cardoso . — Parece que ha cogido ambas orillas . ¡ Las dantas y los cafuches atraviesan el río desde esta margen , pero en la otra están alborotadas las abejas ! — ¿ Y cuáles caucheros quedan aislados ? — ¡ Los cinco de la ciénaga de « El Silencio » , que ni siquiera tienen canoa ! — ¿ Qué remedio ? ¡ Que se defiendan ! ¡ No se les puede llevar socorro ! ¿ Quién se arriesga a extraviarse en estos pantanos ? — Yo — dijo el anciano Clemente Silva . Y un joven brasileño , que se llamaba Lauro Coutinho : — Iré también . ¡ Allá está mi hermano ! Recogiendo los víveres que pudieron y provistos de armas y de fósforos , aventuráronse los dos amigos por una trocha que , partiendo de la barraca , profundiza las espesuras en dirección del caño Marié . Marchaban presurosos por entre el barro de las malezas , con oído atento y ojo sagaz . De pronto , cuando el anciano , abriéndose de la senda , empezó a orientarse hacia la ciénaga de El Silencio , lo detuvo Lauro Coutinho . — ¡ Ha llegado el momento de picurearnos ! Don Clemente ya pensaba en ello , mas supo disimular su satisfacción . — Habría que consultarlo con los caucheros . . . — ¡ Respondo de que convienen , sin vacilar ! Y así fue , porque al día siguiente los hallaron en un bohío , jugando a los dados sobre un pañuelo y emborrachándose con vino de « palmachonta » , que se ofrecían en un calabazo . — ¿ Hormigas ? ¡ Qué hormigas ! ¡ Nos reímos de las tambochas ! ¡ A picurearnos ! ¡ A picurearnos ! ¡ Un rumbero como usted es capaz de sacarnos de los infiernos !
Back Page 115 of 159 Page 115 of 159 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.