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Al decir esto , noté que la madona ponía cuidado a mi relato , porque dejó de sonar la hamaca en el cuarto próximo . Este detalle me produjo cierta zozobra y viré de rumbo en mis fantasías . — Señor General , por desgracia , el Vaupés nos opone raudales pérfidos ; y perdimos en un « trambuque » , en el correntón de Yavaraté , nuestra cosecha de ahora tres años . Y repetí intencionalmente : — En el propio raudal de Yavaraté , contra las raíces de un jacarandá . La madona asomó a la puerta , llenando con su figura quicio y dintel . Era una hembra adiposa y agigantada , redonda de pechos y de caderas . Ojos claros , piel láctea , gesto vulgar . Con sus vestidos blancos y sus encajes tenía la apariencia de una cascada . Luengo collar de cuentas azules se descolgaba desde su seno , cual una madreselva sobre una cima . Sus brazos , resonantes por las pulseras y desnudos desde los hombros , eran pulposos y satinados como dos cojincillos para el placer , y en la enjoyada mano tenía un tatuaje que representaba dos corazones atravesados por un puñal . ¡ Entretanto que miraba , absolví mentalmente tu inexperiencia , desventurado Luciano Silva , y adiviné el desenlace de tu pasión ! — ¿ Cuáles son los muchachos que conocen el río Vaupés ? — preguntó regando en la atmósfera el cálido perfume de su abanico . — Los cuatro , señora . — ¿ Y el afiliado a la casa Rosas ? ¿ El comisionista ? — Su admirador . — ¿ A cómo le ordenaron pagar el caucho ? — El de primera , a un conto de reis . Poco más o menos a trescientos pesos . — ¿ No te lo dije , Váquiro , que no se puede pagar a más ? — ¡ Mire : no le permito apodarme así ! Dígame por mi nombre : ¡ General Vácares ! Aprenda del joven Cova , que sí sabe tratar a los jefes . — Nada tengo que ver con nombres y títulos . Devuélvame mi plata o páguemela en caucho , a razón de trescientos pesos , menos el flete , porque yo no viajo de balde . ¡ Lo demás me importa un comino ! — ¡ No sea grosera ! — ¡ Pues entonces no sea tramposo , no sea canalla , ni tal por cual ! Sepa que a las damas se les atiende con guante blanco . Aprenda también de este caballero , que me ha dicho « su admirador » . — Calma , mi señora ; calma , General . El sofocado jefe ordenóme con gesto heroico : — ¡ Vámonos pa juera , onde no nos vengan a interrumpir ! Al despedirme de la madona hice una profunda reverencia . — Y como le decía , la casa Rosas me ordenó que en lo sucesivo esquiváramos el Vaupés y por Caño Grande descendiéramos al Inírida , hacia San Fernando del Atabajo , donde podíamos consignarle al Gobernador los productos que consiguiéramos , pues era agente suyo y tenía el encargo de remitírselos , por el Orinoco , a la isla de Trinidad . — ¡ Chicos ! ¿ Y no sabían que a Pulido lo asesinaron ? — General , vivimos en el limbo de los desiertos . . . — Pues lo descuartizaron , por robarle lo que tenía y por coger la Gobernación . — ¡ El coronel Funes ! . . .
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