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En el pueblecito de San Fernando , que cuenta apenas sesenta casas , se dan cita tres grandes ríos que lo enriquecen : a la izquierda , el Atabapo , de aguas rojizas y arenas blancas ; al frente , el Guaviare , flavo ; a la derecha , el Orinoco , de onda imperial . ¡ Alrededor , la selva , la selva ! Todos aquellos ríos presenciaron la muerte de los gomeros que mató Funes el 8 de mayo de 1913 . Fue el siringa terrible — el ídolo negro — quien provocó la feroz matanza . Sólo se trata de una trifulca entre empresarios de caucherías . Hasta el Gobernador negociaba en caucho . Y no pienses que al decir « Funes » he nombrado a persona única . Funes es un sistema , un estado de alma , es la sed de oro , es la envidia sórdida . Muchos son Funes , aunque lleve uno solo el nombre fatídico . La costumbre de perseguir riquezas ilusas a costa de los indios y de los árboles ; el acopio paralizado de chucherías para peones , destinadas a producir hasta mil por ciento ; la competencia del almacén del Gobernador , quien no pagaba derecho alguno , y al vender con mano oficial recogía con ambas manos ; la influencia de la selva , que pervierte como el alcohol , llegaron a crear en algunos hombres de San Fernando un impulso y una conciencia que los movió a valerse de un asesino para que iniciara lo que todos querían hacer y que le ayudaron a realizar . Ni creas que delinquía el Gobernador al pegar la boca a la fuente de los impuestos , con un pie en su despacho y el otro en la tienda . Tan contraria actitud se la imponían las circunstancias , porque aquel territorio es como una heredad cuyos gastos paga el favorito que la disfruta , inclusive su propio sueldo . El Gobernador de esa comarca es un empresario cuyos subalternos viven de él ; siendo sus empleados particulares , tienen una función constitucional . Uno se llama Juez , otro Jefe Civil , otro Registrador . Les imparte órdenes promiscuas , les fija salarios y los remueve a voluntad . Los tiempos del Pretor , que impartía justicia en las plazas públicas , reviven en San Fernando bajo otra forma : un funcionario plenipotente legisla , gobierna , y juzga por conducto de parciales asalariados . Y no es raro ver en la población a individuos que , llegados de lueñes tierras , se detienen frente a un ventorro y dicen al ventero con urgida voz : « Señor Juez , cuando se desocupe de pesar caucho , hágame el favor de abrir la oficina para presentar nuestras demandas » , y se les responde : « Hoy no los atiendo . En esta semana no habrá justicia : el Gobernador me tiene atareado en despachar mañoco para sus barranqueros del Beripamoni » . Esto allí es legal , correcto y humano . Cualquiera tiene derecho de preocuparse por las entradas del patrón : las rentas son el termómetro de los sueldos . Bolsillo flojo , pago mezquino . El gobernador , Roberto Pulido , competidor comercial de sus gobernados , no había establecido impuestos estúpidos ; sin embargo , fraguábase la conjura para suprimirlo . Su mala estrella le aconsejó dictar un decreto en el cual disponía que los derechos de exportar caucho se pagaran en San Fernardo , con oro o con plata , y no con pagarés girados contra el comercio de Ciudad Bolívar . ¿ Quién tenía dinero listo ?
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