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¡ Silencio ! ¡ Silencio ! » En el estanco de Cappecci , gente indefensa jugaba a los naipes , acaballada en el mostrador . Cinco hombres , entre ellos Funes , quedaron acechándola en lo oscuro , para cuando se abriera fuego en la esquina próxima . Allá , en la alcoba del sentenciado , ardía una lámpara que lanzaba contra la lluvia lívidas claridades . El grupo de López , felonamente , se acercó a la ventana abierta . Adentro , Pulido , abrigado entre su chinchorro , sorbía la porción preparada por los enfermeros . De repente , volviendo los ojos hacia la noche , alcanzó a sentarse . ‘ ¿ Quiénes están ahí ? ’ ¡ Y las bocas de veinte rifles le contestaron , llenando la estancia de humo y sangre ! » Ésta fue la señal terrible , el comienzo de la hecatombe . En las tiendas , en las calles , en los solares reventaban los tiros . ¡ Confusión , fogonazos , lamentaciones , sombras corriendo en la oscuridad ! A tal punto cundía la matazón , que hasta los asesinos se asesinaron . A veces , hacia el río , una procesión consternaba el pasmo de las tinieblas , arrastrando cadáveres que pendían de los miembros y de las ropas , atropellándose sobre ellos , como las hormigas cuando transportan provisiones pesadas . ¿ Por dónde escapar , a dónde acudir ? Mujeres y chicuelos , desorbitados por un refugio , daban con la pandilla que los baleaba antes de llegar : ‘ ¡ Viva el Coronel Funes ! ¡ Abajo los impuestos ! ¡ Viva el comercio libre ! ’ . » Como una saeta , como una ráfaga , empezó a correr una voz : ‘ ¡ A la casa del Coronel ! ¡ A la casa del Coronel ! ’ Mientras tanto , en el puerto lóbrego tableteaba el motor de la Yasaná . ‘ ¡ A dejar el pueblo ! ¡ A embarcarse ! ¡ A la casa del Coronel ! ’ . » Cesaron los tiros . En su sala , en su tienda , trajinaba Funes , recibiendo a las gentes incautas , separando con sonrisitas a los que pronto serían asesinados en el solar . ‘ ¡ Usted , a la lancha ! ¡ Usted , conmigo ! ’ En breves minutos colmóse el patio de rostros pavóricos . Tras la puerta del muro que da sobre el río se situó González con el machete . ‘ ¡ A bordo , muchachos ! ’ Y el que iba saliendo , rodaba decapitado , entre los hoyos que dieron tierra para levantar la edificación . » ¡ Ni un grito , ni una queja ! » ¡ La noche , el motor , la tempestad ! » . « Asomándome a la ventana del corredor , donde parpadeaba una lamparilla , vi arremolinarse en la oscuridad el rebaño de detenidos , recelosos de desfilar por la hórrida puerta , escalofriados por la intuición del peligro cruento , erizados como los toros que perciben sobre la yerba olor de sangre . » — ¡ A bordo , muchachos ! » — repetía la voz cavernosa , desde el otro lado del quicio feral . Nadie salía . Entonces la voz pronunciaba nombres . » Los de adentro intentaron una tímida resistencia : ‘ ¡ Salga primero ! ’ ‘ ¡ Al que llaman es a usted ! ’ ‘ ¿ Pero por qué me acosan a mí ? ’ ¡ Y ellos mismos se empujaban hacia la muerte ! » En la pieza donde estaba yo comenzaron a descargar bultos y más bultos : caucho , mercancías , baúles , mañocos , el botín de los muertos , la causa material de su sacrificio .
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