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¡ Que conste ! ¡ La niña Griselda , la niña Griselda ! Franco y Helí la vieron anoche , sobre el puente de un batelón que ha dado en venir al rebalse próximo a embarcar el siringa robado . Alumbraba con una lámpara la faena contrabandista , y si no distinguió a mis compañeros , al menos ya sabe que la buscamos , porque Martel y Dólar se lanzaron a agasajarla , y ella , al partir el barco , se llevó los perros . Fue Ramiro Estévanez quien primero supo que los indios trasponían la goma de los depósitos , cargándola , entre las tinieblas , hacia embarcaderos insospechados . Dióle el denuncio mi protegida , cierta noche que le vendaba el brazo enfermo ; y , enterados de la ocurrencia , nos apostó la india en un escondite para que viéramos sucederse la línea de bultos por entre la maleza encubridora . Diez , quince , veinte nativos de los que sólo entienden la lengua yeral , pasaban con sus cargas , pisando en el silencio como en una alfombra . Para mayor sorpresa cerraba el desfile la madona Zoraida Ayram . « ¡ Cogerla ! ¡ Secuestrarla ! ¡ Impedir el viaje ! » . Así cuchicheábamos viéndola fundirse en la oscuridad . Sin tiempo de echar mano a las carabinas , ocultas desde nuestra llegada , corrimos al tambo de la mujer . La lamparilla de encandilar murciélagos latía como una víscera . El equipaje , intacto . La hamaca , aún tibia , estaba repleta de mantas y cojines , para simular bajo el mosquitero un cuerpo dormido ; aquí las chinelas de piel de tigre ; allá la colilla del último cigarrillo , humeando todavía en el rincón . Estos detalles nos permitían respirar con sosiego . La madona no había salido para escaparse . Pero debíamos vigilar . En la noche siguiente dimos comienzo a nuestros planes : Franco y Helí , con taparrabos y con fardos al hombro , entraron desnudos en la fila de los cargadores , por conocer la ruta del incógnito puerto y atisbar las maniobras de los aborígenes . Mientras tanto , Ramiro entretuvo al Váquiro en su caney y yo pasé la noche con Zoraida . Sobrevino una imprevisión adversa o propicia : los perros , viéndose solos , cogieron el rastro de mis compañeros y encontraron a su antigua dueña , que , mañosamente , se los llevó , sin decir palabra . — A no haber sido por los cachorros — me declaraba Franco al amanecer — no la hubiera reconocido . ¡ Tan espectral , tan anémica , tan consumida ! Grave error cometimos al desertar de los indígenas cuando columbramos las luces del barco . Abiertos de la fila , en la oscuridad , observamos a corto trecho lo que pasaba . Pero si hubieran descubierto nuestra presencia , nos habrían asesinado . La pobre mujer , alzando una luz , miraba angustiosa a todas partes ; y en breve desatracaron y se fueron . — ¡ Qué desgracia ! ¡ Corremos el peligro de que ya no vuelva ! Entonces el Catire afirmó : — Desenterradas nuestras carabinas y en achaques de salir a cauchar , rondaremos estas lagunas desde hoy . Fácil cosa es hallar la guarida del bongo . Si la niña Griselda está con los perros , bastará silbarlos . ¡ Hace cinco días que se hallan ausentes , y la incertidumbre me vuelve loco !
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