Skip the article text Tap any word to see its translation
— Sí es — agregué — , porque mis amigos les comunicaron mis ideas a varios peones y éstos inducen que conspiro contra el Cayeno , la culpa no está en lo que bien se dice sino en lo que mal se entiende . Si es porque despaché a mis camaradas a trabajar en la cuadrilla que escogieran , por el pudor de verlos ociosos , por el deseo de corresponder en cualquier forma a la protección generosa de quien me hospeda , por compensar con algún esfuerzo el descanso que el general le ha concedido a Ramiro Estévanez , castíguese en mí la omisión de no haber pedido permiso previo a quien lo concede , si alguna vez necesitó la delicadeza autorización de manifestarse . — ¡ Eso sí es verdá ! — Si es porque tú , Zoraida , andas repitiendo que jamás estuve en Manaos , según has colegido de mis respuestas a tus preguntas sobre edificios , plazas , bancos y calles , te enredas en tu desconfianza , porque nunca he dicho que conocí esa capital . Para ser cliente de la Casa Rosas no es indispensable pasar el umbral de sus almacenes ; al menos yo no necesité de tal requisito . Le debo al cónsul de mi país el honor de ser afiliado a tan rica firma . Al Cónsul ¿ oyes ? Al Cónsul , quien a la fecha surca el Río Negro y viene a corregir con su autoridad no sé qué desmanes , como me lo anuncia en la última carta que recibí . La madona y el Váquiro repitieron a dúo : — ¡ El Cónsul ! ¡ El Cónsul ! — ¡ Sí , el Cónsul amigo mío , que al saber mi viaje a San Fernando del Atabapo me recomendó tomar , con sigilo , informes de los abusos y asesinatos que en tierras colombianas ha cometido Funes ! Así dije , y cuando salí haciendo campear mi falso orgullo de hombre influyente , el Váquiro y la madona no cesaban de barbotear : — ¡ El Cónsul ! ¡ Y son amigos ! * * * — ¿ Podría decirme busté — me rogaba el Váquiro — , si en estas cosas del indio Funes habrá de resultarme complicación alguna ? — ¿ Pero acaso mi General tomó parte activa en la noche aciaga ? . . . — ¡ Obligao ! ¡ Obligao ! Y la madona nos interrumpía : — ¿ El señor Cónsul podría ayudarme a cobrar mis créditos ? Ya ves , el Cayeno niega la deuda y se fue del tambo para no pagarme . Descríbeme en tu libro de cuentas . — Acaso el caucho que sacaste de los depósitos . . . — Es un « sernambí » de pésima clase . Por fuera , el bolón duro y pulido ; por dentro , arenas , trapo y basuras . Perdí el transporte de esa goma porque no resistió la prueba : al ponerla en el agua se hundía . Si escuchara mis quejas el Cónsul . . . — Habría que ir a donde está él . — Y si no ha venido . . . — Viene , viene , y ha llegado a Yaguanarí . Esa mujer llamada Griselda dice en sus cartas no sé cuántas cosas . Hay que interrogarla . — Le tengo recelos . Es de malos hígados . Entre ella y la « otra » le cortaron la cara al pobre Barrera . — ¡ Al pobre Barrera ! — Por eso no le permito andar conmigo . — Conviene interrogarla inmediatamente . — ¿ Te atreverías ? — ¡ Sí ! Y la niña Griselda vino . Jamás en la vida volveré a sentir tan asfixiadora expectación como la que embargó mi ánimo aquella tarde , al oscurecer , cuando la madona Zoraida Ayram colgó su linterna en la puerta del cuarto que domina el río . Era la señal . Sobre la linfa trémula del Isana corrían los reflejos , ordenando el arribo del batelón , en cuya proa se alistarían los tripulantes para la medianoche .
Back Page 149 of 159 Page 149 of 159 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.