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« Padre querido : ¡ bendita sea su boca ! no parece sino que tiene usted don de profecía , según acertó al pronosticarme consuelo . Estoy loca de alegría , y no sé lo que escribo casi . Sepa usted que me hallo en cinta , según dice el señor Duhamel , que es un sabio , y no puede equivocarse en esto . Lo que yo tomé por enfermedades , eran las molestias del estado . . . Sí ; ahora lo comprendo muy bien ; ¡ pero qué tonta soy ! ¿ Cómo no lo conocí antes ? Parece que una cosa tan grande , debía adivinarla sin que nadie me lo advirtiese . ¡ Un hijo ! ¡ Pero qué gusto , Padre Urtazu ! Desde mañana empezaré con la canastilla , no vaya el angelito a nacer como Jesús , sin paños en qué envolverse . . . . Estoy poniendo tonterías , y lloriqueo , pero no como el otro día . . . hoy es de placer . Mañana o pasado emprenderemos el viaje ; Miranda y yo vamos unos días a París antes de volver a León ( rabiando estoy por verme ahí y contarle a padre la noticia : no se lo diga usted , que quiero sorprenderle yo ) , y la pobre Pilar y su hermano , a España , si es que se lo consiente el mal , y no tiene que pararse en algún pueblo del camino , y morirse allí quizá . Porque a mí no me engaña su mejoría ; está señalada por la muerte . Lo que siento es tener que dejarla acaso quince o veinte días antes de . . . . En fin , estoy tan alegre , que no quisiera pensar en eso . Aplique usted una misa por mi intención . » - XIII - No fue posible a los Gonzalvo proseguir a España , porque ya hacia la mitad de la ruta se sintió Pilar presa de tales congojas y sudores , con tales desvanecimientos , arcadas y soponcios , que allí creyeron todos llegado el punto de su muerte ; y aún tomaron por feliz suceso el que pudiesen llegar a París , siguiendo el consejo del doctor Duhamel , que les dejó entrever la esperanza de que acaso algunos días de descanso repusiesen las fuerzas de la enferma , consintiéndole emprender la vuelta a su patria . Avinagró el gesto Miranda , que ya se creía libre de la moribunda , a quien si no cuidaba , le enfadaba ver cuidar ; ensanchósele el corazón a Lucía , mal hallada con la idea de abandonar a su amiga en la antesala , como quien dice , del sepulcro ; y Perico se dispuso a conocer París , seguro como estaba de que no faltarían a su hermana cuidados . Por lo que toca a Pilar misma , poseída del extraño optimismo característico de su padecimiento , mostró gran regocijo por visitar la metrópoli del lujo y elegancia , pensando en hacer allí sus comprillas de invierno , por no ser menos que las currutacas Amézagas . Llegaron a la gran capital de la república francesa en una mañana nebulosa y turbia , y los asaltaron en la estación innumerables comisionados de las fondas , señalando cada cual al respectivo ómnibus , y pugnando por llevarse consigo a la gente . Encarose uno de estos tales con Miranda y mostrando el rostro atezado , que cruzaba un mediano chirlo , dijo en buen castellano : — Fonda de la Alavesa , señores . . . . Se habla español . . . criados españoles también . . . se da cocido . . . calle de Saint Honoré , el sitio más céntrico . . . .
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