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XLIII Dejé la luz á un lado , y en el borde De la revuelta cama me senté , Mudo , sombrío , la pupila inmóvil Clavada en la pared . ¿ Qué tiempo estuve así ? No sé : al dejarme La embriaguez horrible del dolor , Espiraba la luz , y en mis balcones Reía el sol . Ni sé tampoco en tan terribles horas En qué pensaba ó qué pasó por mí ; Sólo recuerdo que lloré y maldije , Y que en aquella noche envejecí . XLIV Como en un libro abierto Leo de tus pupilas en el fondo ; ¿ A qué fingir el labio Risas que se desmienten con los ojos ? ¡ Llora ! No te avergüences De confesar que me quisiste un poco . ¡ Llora ! Nadie nos mira . Ya ves ; yo soy un hombre . . . ¡ y también lloro ! XLV En la clave del arco mal seguro , Cuyas piedras el tiempo enrojeció , Obra de cincel rudo , campeaba El gótico blasón . Penacho de su yelmo de granito , La hiedra que colgaba en derredor Daba sombra al escudo , en que una mano Tenía un corazón . A contemplarle en la desierta plaza Nos paramos los dos : Y « ése , me dijo , es el cabal emblema De mi constante amor » . ¡ Ay ! es verdad lo que me dijo entonces : Verdad que el corazón Lo llevará en la mano . . . en cualquier parte . . . Pero en el pecho , no . XLVI Me ha herido recatándose en las sombras , Sellando con un beso su traición . Los brazos me echó al cuello , y por la espalda Partióme á sangre fría el corazón . Y ella prosigue alegre su camino , Feliz , risueña , impávida ; ¿ y por qué ? Porque no brota sangre de la herida . . . ¡ Porque el muerto está en pie ! XLVII Yo me he asomado á las profundas simas De la tierra y del cielo , Y les he visto el fin ó con los ojos , O con el pensamiento . Mas ¡ ay ! de un corazón llegué al abismo , Y me incliné por verlo , Y mi alma y mis ojos se turbaron : ¡ Tan hondo era y tan negro ! XLVIII Como se arranca el hierro de una herida Su amor de las entrañas me arranqué , Aunque sentí , al hacerlo , que la vida Me arrancaba con él . Del altar que la alcé en el alma mía La voluntad su imagen arrojó , Y la luz de la fe que en ella ardía Ante el ara desierta se apagó . Aun para combatir mi firme empeño Viene á mi mente su visión tenaz . . . ¡ Cuando podré dormir con ese sueño En que acaba el soñar ! XLIX Alguna vez la encuentro por el mundo Y pasa junto á mí : Y pasa sonriéndose , y yo digo : ¿ Cómo puede reir ? Luego asoma á mi labio otra sonrisa , Máscara del dolor , Y entonces pienso : — ¡ Acaso ella se ríe Como me río yo ! L Lo que el salvaje que con torpe mano Hace de un tronco á su capricho un dios , Y luego ante su obra se arrodilla , Eso hicimos tú y yo .
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