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La isla que apareció y volvió a romperse
En abril de 2015, una imagen de satélite mostró tierra nueva entre dos islas de Tonga. Cuatro meses antes, Hunga Tonga y Hunga Ha'apai estaban separadas por el océano. Una erupción submarina había llenado parte del espacio con ceniza y otros materiales volcánicos.
Al principio, muchos especialistas esperaban una erosión rápida. Las olas cortaron la costa, abrieron el lago del cráter y movieron sedimentos. Sin embargo, la isla duró más de lo previsto. Los investigadores propusieron que el calor y el agua habían alterado parte del material y contribuido a estabilizarlo.
Los satélites siguieron el proceso con imágenes ópticas y radar. El radar podía observar de noche y atravesar muchas nubes. Durante siete años, los equipos compararon cambios de altura, forma y textura. La isla llevaba poco tiempo existiendo, pero ya tenía una serie de observaciones poco común.