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Resulta decisivo que Lucienne Bloch hubiera fotografiado el mural de Rivera
En 1932, el Rockefeller Center encargó a Diego Rivera un mural para el vestíbulo de su nuevo edificio en Nueva York. El tema debía relacionar la sociedad moderna con un futuro de posibilidades. Rivera diseñó una gran composición donde máquinas, células, trabajadores y conflictos políticos ocupaban el mismo espacio.
El problema surgió mientras el mural todavía se pintaba. La prensa señaló la presencia de un retrato de Lenin. Nelson Rockefeller pidió que se sustituyera esa figura por otra menos conflictiva. Rivera se negó porque consideraba que el retrato pertenecía al sentido de la obra, aunque ofreció añadir un dirigente estadounidense en otra parte.
En mayo de 1933 el artista fue despedido y el mural quedó cubierto. Meses después, a comienzos de 1934, fue destruido. Quienes entraron después en el edificio ya no podían ver la pintura original.