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El códice que apareció dentro de una encuadernación
En 1999, dos investigadores anunciaron el hallazgo de 59 fragmentos de un manuscrito medieval de Tristán de Leonís en la Biblioteca Nacional de España. No estaban guardados como un libro independiente. Habían sido reutilizados para reforzar la encuadernación de un volumen de derecho canónico del siglo XV.
Los fragmentos contenían texto e imágenes. Al reunirlos, los especialistas reconocieron un testimonio castellano del ciclo artúrico y el único manuscrito ilustrado conocido de esa tradición en castellano. La encuadernación preservó algunos fragmentos, pero también los cortó y separó de su orden original.
La reutilización de pergamino era práctica porque una hoja preparada seguía siendo resistente aunque su texto hubiera perdido interés. Podía convertirse en refuerzo, cubierta o envoltorio. Esa segunda vida altera los bordes y el orden, pero también puede aislar el material de daños que habría sufrido como libro completo.