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No solo polen: el hielo guarda ceniza y sales
Un cilindro de hielo parece una muestra uniforme y transparente. En el laboratorio, sin embargo, cada parte puede ofrecer señales distintas. El hielo no solo conserva burbujas de aire, sino también polvo, ceniza, polen, sales y variaciones químicas del agua congelada.
Las capas empiezan como nieve. Con nuevas nevadas, los cristales quedan enterrados y se compactan. El aire que ocupaba los espacios termina encerrado en pequeñas burbujas. Al liberarlo y analizarlo, los científicos obtienen muestras de gases de la atmósfera antigua, entre ellos dióxido de carbono y metano.
La propia molécula de agua aporta otra pista. Las proporciones de isótopos de oxígeno e hidrógeno cambian con las condiciones en que se formó la precipitación. Los equipos usan esas relaciones para reconstruir temperaturas pasadas, pero la interpretación necesita calibración y conocimiento del lugar.