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CRISI XI La suegra de la vida . Muere el hombre , cuando había de comenzar á vivir , cuando más persona , cuando ya sabio y prudente , lleno de noticias y experiencias , sazonado y hecho , colmado de perfecciones , cuando era de más utilidad y autoridad á su casa y á su patria . Así que nace bestia y muere muy persona . Pero no se ha de decir que murió agora , sino que acabó de morir , cuando no es otro el vivir que un ir cada día muriendo . ¡ Oh , ley por todas partes terrible la de la muerte , única en no tener excepción , en no privilegiar á nadie , y debiera á los grandes hombres , á los eminentes sujetos , á los perfectos príncipes , á los consumados varones , con quienes muere la virtud , la prudencia , la valentía , el saber y tal vez toda una ciudad , un reino entero ! Eternos debieran ser los ínclitos héroes , los varones famosos , que les costó tanto el llegar á aquel cenit de su grandeza ; pero sucede tan al contrario , que los que importan menos viven más y los que mucho valen viven menos . Son eternos los que no merecían vivir un día y los insignes varones , momentáneos , pasaban como lucidos cometas . Plausible resolución fué la del rey Néstor , de quien se cuenta que , habiendo consultado los oráculos acerca de los plazos de su vida y habiéndole sido respondido que aún había de vivir mil años cabales , dijo él : Pues no hay que tratar de hacer casa . Instando sus amigos que no sólo casa , pero un palacio y no sólo uno , sino muchos , para todos tiempos y pasatiempos , respondió : ¿ Para sólos mil años de vida queréis que me ponga agora á fabricar casa ? ¿ Para tan poco tiempo un palacio ? He , que bastará una tienda ó una barraca , donde me aloje de paso . Que sería calificada locura tomar el vivir de asiento . ¡ Qué bien viene esto con lo que hoy se platica , pues no llegando los hombres á vivir lo más cien años y no teniendo seguro ni un día , emprenden edificios de á mil años , fabrican casas , como si se hubiesen de perpetuar sobre la haz de la tierra ! De estos sería uno sin duda aquel que decía que , aunque supiera que no había de vivir sino un año , hiciera casa ; si un mes , se casara ; si una semana , comprara cama y silla ; y si un día sólo , hiciera olla . ¡ Oh ! , cómo debe reirse destos necios la muerte discreta , siquiera por lo fea , viendo que , cuando ellos están levantando grandes casas , ella les está abriendo corta sepultura , según el proverbio : á casa hecha , sepultura abierta . En acomodándose uno , ella le desacomoda . Acabarse de construir el palacio y acabarse la vida todo es á un tiempo , trocándose las siete columnas del más soberbio edificio en siete pies de tierra ó siete palmos de mármol , vana necedad de muchos . Porque ¿ qué más tiene el pudrirse entre pórfidos y mármoles , que entre terrones ? Sobre esta tan llana verdad venía echando el contrapunto de un singular desengaño el cortesano discreto con nuestros dos peregrinos en Roma . Llegaron á una gran plaza , embarazada de infinito vulgo , muy puesto en expectación de alguna de sus necias maravillas , que él suele admirar mucho . ¿ Qué querrá ser esto ? , preguntó Andrenio . Y respondiéronle : Tened paciencia y tendréis ciencia .
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