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La oveja cuyo monumento no protege a las demás
Augusto Monterroso publicó La oveja negra y demás fábulas en 1969. El texto que da título al volumen parte de una diferencia reconocible: una oveja negra se aparta de la apariencia esperada por el rebaño. La comunidad a la que pertenece no acepta esa diferencia. La fusila y, mucho tiempo después, le levanta una estatua ecuestre.
El monumento parece corregir la violencia pasada. La oveja cuya vida fue eliminada ocupa ahora un lugar de honor y se convierte en objeto de admiración pública. Sin embargo, el final impide aceptar esa ceremonia como prueba suficiente de aprendizaje. Cuando aparecen otras ovejas negras, también las fusilan. Así, las futuras generaciones de ovejas comunes pueden ejercitarse en la escultura.
La inversión es brutal porque el homenaje no protege a nadie. La comunidad conserva el mecanismo