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El tratado fijó una frontera; el río obligó a rehacerla
El Tratado de Guadalupe Hidalgo estableció en 1848 parte de la frontera entre México y Estados Unidos siguiendo el Río Grande. En la zona de El Paso y Ciudad Juárez, la línea dependía del cauce. Cuando una inundación de 1864 desplazó bruscamente el río, el territorio llamado Chamizal quedó al otro lado del nuevo curso. El tratado había fijado la frontera; el agua había cambiado el paisaje que la representaba.
La dificultad era jurídica y física. Los acuerdos posteriores distinguieron cambios graduales, producidos por la acción continua del agua, de desplazamientos bruscos. La Convención de 1884 dispuso reglas para saber cuándo la frontera seguiría al río. El cauce podía moverse; la soberanía no debía cambiar siempre del mismo modo. Durante un siglo, la disputa mostró que la línea, el río y el territorio no son sustitutos.