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XIX EL PEREJIL EN LA FRENTE Á todo esto , el pobre Cleto no salía de sus ahogos . Pae Polinar había intentado en tres ocasiones cumplir la palabra que le dió de ir á sondear las voluntades del matrimonio de la bodega ; pero nunca vió el camino libre de los estorbos que tanto miedo le infundían . ¡ Siempre aquellos demonios de mujeres al balcón , ó atravesadas en la acera , ó vociferando en mitad de la calle ! Y gracias que no le adivinaron las intenciones cuando , para mayor disimulo , bajaba ó subía á todo andar , como si sus quehaceres estuvieran muy lejos de allí . Cleto llamaba casi todos los días , al anochecer , á la puerta del exclaustrado , que bregaba allá dentro hasta sudar el quilo en la tarea en que andaba empeñado , para preguntarle : — ¿ Hay algo de eso ? Y padre Apolinar le contaba lo ocurrido alentándole con buenas esperanzas para otro día . Después , Cleto , cabizbajo y tristón , se iba á pasar un rato á la bodega , donde hallaba á Sotileza algo pasmada , y á los viejos tan cariñosos como siempre . Nada se había oído allí , por las trazas , de aquellas morrás que se dieron él y Muergo en la obscuridad del portal . Desde entonces no habían vuelto á encontrarse más que en una ocasión , y esa dentro de la bodega y delante de la gente . Gruñeron por lo bajo y se espeluznaron al verse ; pero esto no llamó la atención de nadie , porque no era nuevo en ellos . La última vez que vió á pae Polinar , le dijo éste : — Quisiera , Cleto del jinojo , que tomaras esas cosas con menos entusiasmo ; porque no van tus ahogos á la conveniencia de los quehaceres míos . . . ¡ que te digo que son de órdago ! . . . ¡ de órdago , cuerno ! . . . Con que , ó templa la fragua , ó vete aguantando por la buena . . . Lo mejor sería que te aguantaras por la buena , porque es lo que más falta va á hacerte . . . Mira , Cleto , que , ó mucho me engaña á mí el ojo , ó ese bocado tan fino no está para tí . ¡ Jinojo , si picastes alto ! Y con esto , y con el réspez de toda tu casta . . . Te digo , Cleto , te digo que ni de propio intento hubiera amontonado el mismo demonio tantos inconvenientes delante del hipo que te consume . . . Y déjame que me vuelva á mis libros y á mis papeles , que el tiempo corre que vuela , y el sermón es de lo que hay que ver . . . ¡ Si te digo que es de los de tres gavias , cuerno ! Todas estas reflexiones eran leña para el fuego en que se abrasaban las impaciencias de Cleto ; y salió decidido á hacer , por sí solo , cuanto cupiera en sus fuerzas y en su discurso . Andando hacia la bodega , encontróse , al abocar á la calle Alta , con el bueno de Colo . Á Colo le consideraba él , por ser mozo de buena entraña y mejor conducta , y también por aquel poco de latín que había estudiado años atrás . Eran muy buenos amigos ; y por serlo , Colo le había entretenido muchas veces con el relato de sus amores con Pachuca , la hija menor de las tres que tenía su vecino Chumbao , patrón de la lancha en que andaba él . Si la primera leva no le alcanzaba , se casarían en seguida que se sacara . Todo estaba arreglado ya para eso . Cleto oía estas aleluyas muy á menudo , y con ellas se le hacía un agua la boca . ¿ Quién mejor que aquel amigo , tan formal y tan experto en esas cosas , para oirle con cariño y ayudarle con un consejo ?
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