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— Ya ves , Juanito — dijo con precipitación el maestro — . Acaba de subir de un golpe cerca de tres enteros . ¿ Qué será esto ? Hay que ver en seguida a don Ramón . Lo que es por esta vez , ¡ se ha lucido ! Pero no ; él no se equivoca fácilmente . Aquí hay gato encerrado . De todos modos , debemos consultar en seguida a nuestro hombre . ¡ Cristo ! ¡ pues apenas tiene la cosa importancia . . . ! Y montó en el cochecillo , nervioso e impaciente , con el deseo de llegar cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del infalible protector . Juanito no tuvo tanta presencia de ánimo . Pálido , sudoroso , hablando y gesticulando como un sonámbulo , casi echó a correr sin despedirse de la familia . Iba al despacho del poderoso Morte , a aquella Meca de la fortuna , y sentía una inmensa extrañeza al ver que la gente no mostraba la menor impresión , que el cielo estaba azul , que todo se hallaba como siempre y no surgía la más leve señal exterior para hacer saber al mundo que el gran genio se había equivocado por primera vez aconsejando la baja . XI La derrota fue completa . A los dos días , ninguno de los bolsistas que tenían por oráculo al famoso don Ramón dudaba de ella . El mismo banquero confesaba que esta vez se había equivocado , aunque no por ello dejaba de sonreír , asegurando que lo mismo que había ocurrido una alza contra todas sus previsiones , podía sobrevenir una baja , pues no todos los tiempos son iguales . Y aquellos hombres de fe inquebrantable acogían como risueña esperanza las ambiguas palabras del banquero , prestándoles esto cierta energía para sobrellevar el golpe . A todos los admiradores de don Ramón les había alcanzado la derrota ; pero quien más sufría era el señor Cuadros , que de un golpe veía desaparecer todas las ganancias de su vida de bolsista . Pero él no desmayaba , no señor . ¿ Qué gran general no sufre una derrota ? Él era soldado fiel de don Ramón y le seguía a ciegas , convencido de que con un hombre así , de tropezón en tropezón , más tarde o más temprano se llegaba a la victoria . Con el error del banquero , quedaba lo mismo que antes de entrar en la Bolsa : dueño de la tienda y de unas cuantas fincas sin importancia . Pero esto mismo le animaba y le hacía ser más tenaz en sus propósitos . Al fin , ¿ qué había perdido ? Igual estaba ahora que antes de entrar en el negocio . Lo que había ganado en la Bolsa justo era que en la Bolsa se perdiese . Además , que le quitasen lo mucho que se había divertido gastando el dinero a manos llenas . . . . ¡ Adelante ! El buen carretero vuelca muchas veces en un bache insignificante . Y con tantos ánimos se sentía , que consolaba a Juanito , el cual , sin perder tanto como su maestro , mostrábase aterrado por el suceso .
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