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XII Juanito se moría . Toda la noche la pasó tendido en su cama como una masa inerte , con la pesada cabeza hundida en las sábanas , el rostro envejecido , la barba alborotada y los ojos cerrados . El pecho elevábase acelerada y trabajosamente , como si dentro funcionara una válvula vieja , y en la alcoba sonaba sin interrupción un ronquido silbante , cual si a lo lejos estuviera una locomotora expeliendo el vapor de sus calderas . La familia pasó toda la noche junto a la cama del enfermo . Doña Manuela , a pesar de su ánimo varonil , estaba aturdida por el asombro . Pero ¿ cuándo se cansaría Dios de enviar desgracias sobre ella ? Primero la ruina del protector que sostenía el prestigio de la casa y la de su hijo , con cuya fortuna contaba para casos extraordinarios , e inmediatamente aquella enfermedad extraña , rápida como el rayo , que mataba por anticipado al pobre joven , pues le tenía inmóvil e insensible como un cadáver , sin otra vida que aquella respiración angustiosa que parecía asfixiar a los demás . La desgracia reanimaba el sentimiento maternal , dormido durante tantos años en el pecho de doña Manuela . Contemplaba a Juanito con igual expresión que cuando era hijo único y gozaba de todas sus caricias . Con los ojos enrojecidos por un sordo lloriqueo , iba la madre de un punto a otro de la alcoba cumpliendo lo dispuesto por los médicos , preparando los sinapismos que aplicaba por debajo de las sábanas a las míseras piernas del enfermo . Rafaelito habíase retirado a su cuarto en la madrugada , y las hermanas permanecían clavadas en sus sillas , bostezando de cansancio , con un gesto de extrañeza y de miedo , como si presintieran que la muerte rondaba por la puerta de la alcoba . La madre indignábase al hablar de los médicos . ¡ Vaya una gente ignorante ! Todo lo echaban en palabrotas raras e ininteligibles . Lo único que había podido sacar en claro era que se trataba de una congestión cerebral de las peores , y que el enfermo , por haber pasado a la intemperie gran parte de la noche , se hallaba en . . . ¿ cómo decían aquellos tipos . . . ? ¡ Ah , sí ! en un medio patogénico que había preparado el efecto terrible de la mala noticia . Y no cabía dudar que el pobrecito se moría . Ninguno de los médicos había dado a la madre la menor esperanza . A sus preguntas contestaban con palabras que nada prometían ; pero apenas estaban fuera de la alcoba , meneaban la cabeza con triste expresión , como afirmando que nada les quedaba que hacer allí . En medio de su dolor , la obsesionaba una idea cruel . Recordaba el terrible momento en que Juanito había caído inerte al conocer su ruina . — No , no me toque usted , mamá . . . . En sus oídos sonaban estas palabras como si acabasen de ser pronunciadas , y veía aún el gesto de repugnancia con que las había acompañado .
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