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La fiebre amarilla y el precio humano de una demostración
En 1900, una comisión del Ejército estadounidense en Cuba investigó cómo se transmitía la fiebre amarilla. Carlos Finlay había defendido desde 1881 que un mosquito actuaba como vector. La comisión dirigida por Walter Reed diseñó experimentos para separar esa vía de la idea de contagio por ropa y objetos contaminados.
En un edificio cerrado, voluntarios durmieron con prendas y ropa de cama usadas por enfermos sin permitir la entrada de mosquitos. En otro conjunto de pruebas, mosquitos previamente alimentados con pacientes picaron a voluntarios. Los resultados apoyaron la transmisión por mosquito y debilitaron la hipótesis de los fómites.
Pero la claridad del contraste no elimina el problema moral. La fiebre amarilla podía matar, no existía un tratamiento curativo y entre los participantes había soldados y trabajadores inmigrantes. La comisión utilizó formularios de consentimiento escritos, y ofreció pagos.