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ERASTRO Llamando dulces tan amargas penas paso la corta , fatigada vida , del alma triste sustentada apenas , y aun apenas del cuerpo sostenida . Ofrecióle fortuna a manos llenas a mi breve esperanza fe cumplida . ¿ Qué gusto , pues , que gloria o bien se ofrece , do mengua la esperanza y la fe crece ? ELICIO Do mengua la esperanza y la fe crece , se descubre y parece el alto intento del firme pensamiento enamorado , que sólo confiado en amor puro , vive cierto y seguro de una paga que al alma satisfaga limpiamente ERASTRO El mísero doliente a quien sujeta la enfermedad y aprieta , se contenta , cuando más le atormenta el dolor fiero , con cualquiera ligero breve alivio ; mas , cuando ya más tibio el daño toca , a la salud invoca y busca entera . Así desta manera el tierno pecho del amador , deshecho en llanto triste , dice que el bien consiste de su pena en que la luz serena de los ojos , a quien dió los despojos de su vida , le mire con fingida o cierta muestra ; mas luego Amor le adiestra y le desmanda , y más cosas demanda que primero . ELICIO Ya traspone el otero el Sol hermoso , Erastro , y a reposo nos convida la noche denegrida que se acerca . ERASTRO Y el aldea está cerca , y yo cansado . ELICIO Pongamos , pues , silencio al canto usado . Bien tomaran por partido los que escuchando a Elicio y a Erastro iban que más el camino se alargara , por gustar más del agradable canto de los enamorados pastores . Pero el cerrar de la noche y el llegar a la aldea hizo que dél cesasen y que Aurelio , Galatea , Rosaura y Florisa en su casa se recogiesen . Elicio y Erastro hicieron lo mesmo en las suyas , con intención de irse luego adonde Tirsi y Damón y los demás pastores estaban , que así quedó concertado entre ellos y el padre de Galatea . Sólo esperaban a que la blanca Luna desterrase la escuridad de la noche , y así como ella mostró su hermoso rostro , ellos se fueron a buscar a Aurelio y todos juntos la vuelta de la ermita se encaminaron , donde les sucedió lo que se verá en el siguiente libro . Libro quinto Era tanto el deseo que el enamorado Timbrio y las dos hermosas hermanas Nísida y Blanca llevaban de llegar a la ermita de Silerio , que la ligereza de los pasos , aunque era mucha , no era posible que a la de la voluntad llegase ; y , por conoscer esto , no quisieron Tirsi y Damón importunar a Timbrio cumpliese la palabra que había dado de contarles en el camino todo lo por él sucedido después que se apartó de Silerio . Pero todavía , llevados del deseo que tenían de saberlo se lo iban ya a preguntar , si en aquel punto no hiriera en los oídos de todos una voz de un pastor que , un poco apartado del camino , entre unos verdes árboles , cantando estaba , que luego , en el son no muy concertado de la voz , y en lo que cantaba , fué de los más que allí venían conoscido , principalmente de su amigo Damón , porque era el pastor Lauso el que , al son de un pequeño rabel , unos versos decía ; y por ser el pastor tan conoscido , y saber ya todos la mudanza que de su libre voluntad había hecho , de común parecer , recogieron el paso y se pararon a escuchar lo que Lauso cantaba , que era esto :
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