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El argumento de Campoamor que devolvió la carga de la prueba
El 1 de octubre de 1931, las Cortes Constituyentes debatieron si la nueva Constitución debía reconocer el sufragio femenino en igualdad de condiciones. La discusión no enfrentó simplemente a hombres y mujeres ni a conservadores y progresistas. Clara Campoamor defendió el voto; Victoria Kent pidió aplazarlo porque temía que, en aquel momento, muchas electoras siguieran la orientación política de la Iglesia. Campoamor respondió convirtiendo ese pronóstico en un problema de coherencia democrática.
Su intervención parte de una desigualdad difícil de justificar: la República ya había reconocido a las mujeres capacidad para ser elegidas diputadas, pero discutía su capacidad para elegir. La presencia de Campoamor y Kent en la cámara hacía visible esa contradicción. El contraste permite formular una pregunta analítica, no una cita literal de Campoamor: si una mujer podía intervenir