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El niño que el poema convierte en carne de yugo
El niño yuntero, de Miguel Hernández, no describe una infancia rural desde fuera. Transforma al niño en aquello que lo oprime: yugo, herramienta, raíz, fuerza que abre la tierra. Esa cadena metafórica concentra una denuncia social, pero no es un registro estadístico de todos los niños campesinos. Su potencia nace de convertir una relación laboral e histórica en una imagen corporal que avanza estrofa tras estrofa.
El título contiene ya la primera operación. Yuntero deriva de yunta y acerca al niño al trabajo de los animales que tiran del arado. En los primeros versos, el yugo no aparece solamente sobre su cuello: organiza su nacimiento y su destino. La metáfora borra deliberadamente la distancia entre trabajador e instrumento. El niño no usa una herramienta, parece nacer como ella.
Esa identificación podría quedar en una comparación fija.