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Á las cuatro de la tarde , la chiquillería de la escuela pública de la plazuela del Limón salió atropelladamente de clase , con algazara de mil demonios . Ningún himno á la libertad , entre los muchos que se han compuesto en las diferentes naciones , es tan hermoso como el que entonan los oprimidos de la enseñanza elemental al soltar el grillete de la disciplina escolar y echarse á la calle piando y saltando . La furia insana con que se lanzan á los más arriesgados ejercicios de volatinería , los estropicios que suelen causar á algún pacífico transeunte , el delirio de la autonomía individual que á veces acaba en porrazos , lágrimas y cardenales , parecen bosquejo de los triunfos revolucionarios que en edad menos dichosa han de celebrar los hombres . . . Salieron , como digo , en tropel ; el último quería ser el primero , y los pequeños chillaban más que los grandes . Entre ellos había uno de menguada estatura , que se apartó de la bandada para emprender solo y calladito camino de su casa . Y apenas notado por sus compañeros aquel apartamiento que más bien parecía huida , fueron tras él y le acosaron con burlas y cuchufletas , no del mejor gusto . Uno lo cogía del brazo , otro le refregaba la cara con sus manos inocentes , que eran un dechado completo de cuantas porquerías hay en el mundo ; pero él logró desasirse y . . . pies , para qué os quiero . Entonces dos ó tres de los más desvergonzados le tiraron piedras , gritando Miau ; y toda la partida repitió con infernal zipizape : Miau , Miau . El pobre chico de este modo burlado se llamaba Luisito Cadalso , y era bastante mezquino de talla , corto de alientos , descolorido , como de ocho años , quizás de diez , tan tímido que esquivaba la amistad de sus compañeros , temeroso de las bromas de algunos , y sintiéndose sin bríos para devolverlas . Siempre fué el menos arrojado en las travesuras , el más soso y torpe en los juegos , y el más formalito en clase , aunque uno de los menos aventajados , quizás porque su propio encogimiento le impidiera decir bien lo que sabía ó disimular lo que ignoraba . Al doblar la esquina de las Comendadoras de Santiago para ir á su casa , que estaba en la calle de Quiñones , frente á la Cárcel de Mujeres , uniósele uno de sus condiscípulos , muy cargado de libros , la pizarra á la espalda , el pantalón hecho una pura rodillera , el calzado con tragaluces , boina azul en la pelona , y el hocico muy parecido al de un ratón . Llamaban al tal Silvestre Murillo , y era el chico más aplicado de la escuela y el amigo mejor que Cadalso tenía en ella . Su padre , sacristán de la iglesia de Monserrat , le destinaba á seguir la carrera de Derecho , porque se le había metido en la cabeza que el mocoso aquél llegaría á ser personaje , quizás orador célebre , ¿ por qué no ministro ? La futura celebridad habló así á su compañero :
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