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Á leer tocan . No sabía la joven por dónde empezar . Hubiera querido echarse al coleto en un santiamén todas las cartas de cruz á fecha . El tiempo apremiaba ; su madre y su tía no tardarían en entrar . Leyó rápidamente una , y cada frase fué una cuchillada para la lectora . Allí se trataba de negativa de rompimiento , se daban descargos como respondiendo á una acusación celosa : allí se prodigaban los términos azucarados que Abelarda no había leído nunca más que en las novelas ; allí todo era finezas y protestas de amor eterno , planes de ventura , anuncios de entrevistas venideras , y recuerdos dulces de las pasadas , refinamientos de precaución para evitar sospechas , y al fin derrames de ternezas en forma más ó menos velada . Pero el nombre , el nombre de la sinvergüenzona aquélla , por más que la lectora lo buscaba con ansia , no parecía en ninguna parte . La firma no rompía el anónimo ; á veces una expresión convencional , tu chacha , tu nenita ; á veces un simple garabato . . . Pero lo que es nombre , ni rastros de él . Leyendo todo , todo cuidadosamente , se habría podido sacar en limpio , por referencias , quién era la chacha ; pero Abelarda no podía detenerse ; ya era tarde , llamaban á la puerta . . . Había que colocar todo en su sitio de modo que no se conociese la mano revoltijera . Hízolo rápidamente , y fué á abrir . Ya no se borró más de su mente , en aquel día ni en los que le siguieron , la fingida imagen de la odiada señora . ¿ Quién sería ? La insignificante se la figuraba hermosota , muy chic , mujer caprichosa y desenfadada , como á su parecer lo eran todas las de las altas clases . « ¡ Qué guapa debe de ser ! . . . ¡ qué perfumes tan finos usará ! — se decía á todas horas con palabras de fuego que del cerebro le salían para estampársele en el corazón . — ¡ Y cuántos vestidos tendrá , cuántos sombreros , cuántos coches ! . . . » XXVI Allá va otra vez el amigo D . Ramón á la oficina de Pantoja . Él no quiere hablar de su pleito , de su cuita inmensa y desgarradora , pero sin quererlo habla ; y cuanto dice va á parar insensiblemente al eterno tema . Le pasa lo que á los amantes muy exaltados , que cuanto hablan ó escriben se convierte en substancia de amor . Aquel día encontró en la oficina de su amigo á cierto sujeto que discutía ardorosamente . Era un señor de provincia , uno de aquellos enemigos de la Administración á quienes el honrado designaba con el desdeñoso nombre de particulares ; comerciante de vinos al por mayor , con establecimiento abierto , y la Hacienda le había cogido por banda , haciéndole pagar contribución por dos conceptos . Protestó él alegando que renunciaba á detallar , quedándose sólo con el almacén . El asunto pasó á informe de Pantoja . Quejábase el particular de que se le hiciera pagar por dos conceptos , y va Pantoja ¿ y qué hace ?
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