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Lo que produjo en Villaamil verdadera indignación , pues era un escarnio de su pobreza y un insulto á la moral pública . Pura y su hermana se rieron del ofrecimiento , pues aunque rabiaban por ir , carecían de los perendengues necesarios á semejante exhibición . Abelarda se negó resueltamente . Armóse gran disputa sobre esto , y la mamá sugirió algunas ideas para obviar las grandes dificultades con que el pensamiento de su yerno tropezaba en la práctica . Véase lo que discurrió el cacumen arbitrista de la figura de Fra Angélico . Sus amigas y vecinas las de Cuevas se ayudaban , como se ha dicho antes , con la confección de sombreros . En cierta ocasión que las Miaus pescaron tres butacas de periódico para el Español , Abelarda , doña Pura y Bibiana Cuevas se encasquetaron los mejores modelos que aquellas amigas tenían en su taller , después de arreglarlos cada cual á su gusto . ¿ Por qué no hacer lo mismo en la ocasión que se discutía ? Bibiana no se había de oponer . Y por cierto que tenía en aquel entonces tres ó cuatro prendas , una de la marquesa A , otra de la condesa B , á cual más bonitas y elegantes . Se las disfrazaba , pues para eso había en el taller cantidad de alfileres , hebillas , cintas y plumas , y aunque sus dueñas estuvieran en el teatro , no habían de conocer las mascaritas . En cuanto á los vestidos , ellas lo arreglarían , con ayuda de las amigas , procurándose además algún abrigo , traído de la tienda para probarlo , y como Víctor se había brindado á regalarles también los guantes , no era un arco de iglesia el ir á butacas , ¡ Cuántos no irían disimulando con menos gracia la tronitis ! XXVII Abelarda se resistió á esta trapisonda , asegurando que ni en pedazos la llevarían á butacas de aquella manera , y así quedó la cuestión . Todo se redujo á ir á delantera de paraíso una noche que dieron La Africana , y al punto de sentarse las tres cundió por la concurrencia de aquellas alturas el comentario propio de tan desusado acontecimiento . « ¡ Las Miaus en delantera ! » En diez años no se había visto un caso igual . La vasta gradería del centro y las laterales estaban llenas de bote en bote . Las Miaus eran conocidas de todo aquel público como puntos fijos del paraíso , siempre en la última fila lateral de la derecha junto á la salida . La noche que faltaban notábase un vacío , como si desaparecieran los frescos de la techumbre . No eran ellas las únicas abonadas á paraíso , pues innumerables personas y aun familias se eternizan en aquellos bancos , sucediéndose de generación en generación . Estos beneméritos y tenaces dilettanti constituyen la masa del entendido público que otorga y niega el éxito musical , y es archivo crítico de las óperas cantadas desde hace treinta años y de los artistas que en las gloriosas tablas se suceden . Hay allí círculos , grupos , peñas y tertulias más ó menos íntimas ; allí se traban y conciertan relaciones ; de allí han salido infinitas bodas , y los tortoleos y los telégrafos tienen , entre romanza y dúo , atmósfera y ocasión muy propicias . Desde su delantera , las Miaus saludaron con sonrisas á los amigos que en la banda de la derecha y en el centro tenían , y de una y otra parte las saetaron con miradas y frasecitas del tenor siguiente : « Mira qué sílfide está doña Pura .
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