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Aunque rodeada de tinieblas temía que Víctor la viese al pasar por el comedor y se hizo un ovillo , porque la furia que había determinado su última acción se trocó súbitamente en espanto con algo de femenil vergüenza . Él pasó alumbrándose con una cerilla , entró en su cuarto y se cerró al instante . Todo volvió á quedar en silencio . Hasta la alcoba de Abelarda llegaba débil , atravesando el comedor y las dos puertas de cristales , la claridad de la vela que encendiera Víctor para acostarse . Cosa de diez minutos duró el reflejo ; después se extinguió , y todo quedó en sombra . Pero la cuitada no se atrevía ya á encender su luz ; fué tanteando hasta la cama , escondió el hacha bajo la cómoda próxima al lecho , y se deslizó en éste reflexionando : « No es ocasión ahora . Gritaría , y el otro . . . Al otro le daría yo el hachazo del siglo ; pero no basta un hachazo , ni dos , ni ciento . . . ni mil . Estaría toda la noche dándole golpes y no le acabaría de matar » . XXXIII Nuestro infortunado Villaamil no vivía desde el momento aciago en que supo la colocación de su yerno , y para mayor desdicha el prohombre ministerial no le hacía caso . Inmediatamente después de almorzar , se echaba á la calle , y se pasaba el día de oficina en oficina , contando su malaventura á cuantos encontraba , refiriendo la atroz injusticia , que , entre paréntesis , no le cogía de nuevo ; porque él , se lo podían creer , nunca esperó otra cosa . Cierto que , apretado por la fea necesidad , y llegando á sentir como un estorbo en aquel pesimismo que se había impuesto , se lo arrancaba á veces como quien se arranca una máscara , y decía , implorando con toda el alma desnuda : « Amigo Cucúrbitas , me conformo con cualquier cosa . Mi categoría es de Jefe de Administración de tercera ; pero si me dan un puesto de oficial primero , vamos , de oficial segundo , lo tomo , sí señor , lo tomo , aunque sea en provincias . » La misma cantinela le entonaba al Jefe del Personal , á todos los amigos influyentes que en la casa tenía , y epistolarmente al Ministro y á Pez . Á Pantoja , en gran confianza , le dijo : « Aunque sea para mí una humillación , hasta oficial tercero aceptaré por salir de estas angustias . . . Después , Dios dirá » . Luego iba de estampía contra Sevillano , de quien se hablará después , empleado en el Personal , el cual le decía con expresión de lástima : « Sí , hombre sí , cálmese usted ; tenemos nota preferente . . . Debe usted procurar serenarse » . Y le volvía la espalda . Poco á poco fué el santo varón desmintiendo su carácter , aprendiendo á importunar á todo el mundo y perdiendo el sentido de las conveniencias . Después de verle andar por las oficinas , dando la lata á diferentes amigos , sin excluir á los porteros , Pantoja le habló en confianza : — ¿ Sabes lo que el bigardo de tu yerno le dijo al Diputado ese ? Pues que tú estabas loco y que no podías desempeñar ningún destino en la Administración . Como lo oyes ; y el Diputado lo repitió en el Personal delante de Sevillano y del hermano de Espinosa , que me lo vino á contar á mí .
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