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— Nada . . . la querencia . . . hoy estoy alegre . . . ya ves cómo me río ( riendo ) . Es posible que hoy venga por última vez , aunque . . . te lo aseguro . . . me divierte , me divierte esta casa . Se ven aquí cosas que le hacen á uno . . . morir de risa . El trabajo concluyó aquel día más pronto que de ordinario , porque era día de paga , la fecha venturosa que pone feliz término á las angustias del fin de mes , abriendo nueva era de esperanzas . El día de paga hay en las salas de aquel falansterio más luz , aire más puro y un no sé qué de diáfano y alegre que se mete en los corazones de los infelices jornaleros de la Hacienda pública . — Hoy os dan la paga — dijo Villaamil á su amigote , suspendiendo aquel reir franco y bonachón de que afectado estaba . Ya se conocía en el ruido de pisadas , en el sonar de timbres , en el movimiento y animación de las oficinas , que había empezado la operación . Cesaba el trabajo , se ataban los legajos , eran cerrados los pupitres , y las plumas yacían sobre las mesas entre el desorden de los papeles y las arenillas que se pegaban á las manos sudorosas . En algunos departamentos , los funcionarios acudían , conforme les iban llamando , al despacho de los habilitados , que les hacían firmar la nominilla y les daban el trigo . En otros , los habilitados mandaban un ordenanza con los santos cuartos en una hortera , en plata y billetes chicos , y la nominilla . El Jefe de la sección se encargaba de distribuir las raciones de metálico y de hacer firmar á cada uno lo que recibía . XXXVII Es cosa averiguada que cuando Villaamil vió entrar al portero con la horterita aquélla , se excitó mucho , acentuando su increíble alegría , y expresándola de campechana manera . « ¡ Anda , anda , qué cara ponéis todos ! . . . Aquí está ya el santo advenimiento . . . la alegría del mes . . . San Garbanzo bendito . . . ¡ Pues apenas vais á echar mal pelo con tantos dinerales ! . . . Pantoja empezó á repartir . Todos cobraron la paga entera , menos uno de los aspirantes , á quien entregó el Jefe el pagaré otorgado á un prestamista , diciendo : « Está usted cancelado » , y Argüelles recibió un tercio no más , por tener retenido lo restante . Cogiólo torciendo el gesto , echando la firma en la nominilla con rasgos que declaraban su furia ; y después , el gran Pantoja se guardó su parte pausada y ceremoniosamente , metiendo en su cartera los billetes , y los duros en el bolsillo del chaleco , bien estibaditos para que no se cayesen . Villaamil no le quitaba ojo mientras duró la operación , y hasta que no desapareció la última moneda no dejó de observarle . Le temblaba la mandíbula , le bailaban las manos . — ¿ Sales ? — dijo á su amigo , levantándose . — Nos iremos de paseo . Yo tengo hoy . . . muy buen humor . . . ¿ no ves ? . . . Estoy muy divertido . . . — Yo me quedo un rato más — respondió el honrado , que deseaba quitarse de encima aquella calamidad . — Tengo que ir un rato á Secretaría . — Pues quédate con Dios . . . Me largo de paseo . . . Estoy contentísimo . . . y de paso , compraré unas píldoras .
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