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IV Cadalsito estaba en el comedor , sentado á la mesa , los codos sobre ella , los libros delante . Éstos eran tantos , que el escolar se sentía orgulloso de ponerlos en fila , y parecía que les pasaba revista , como un general á sus unidades tácticas . Estaban los infelices tan estropeados , cual si hubieran servido de proyectiles en furioso combate ; las hojas retorcidas , los picos de las cubiertas doblados ó rotos , la pasta con pegajosa mugre . Pero no faltaba á ninguno , en la primera hoja , una inscripción en letra vacilante que declaraba la propiedad de la finca , pues sería en verdad muy sensible que no se supiera que pertenecían exclusivamente á Luis Cadalso y Villaamil . Éste cogía uno cualquiera , á la suerte , á ver lo que salía . ¡ Contro , siempre salía la condenada Gramática ! . . . Abríala con prevención y veía las letras hormiguear sobre el papel iluminado por la luz de la lámpara colgante . Parecían mosquitos revoloteando en un rayo de sol . Cadalso leía algunos renglones . « ¿ Qué es adverbio ? » Las letras de la respuesta eran las que se habían propuesto no dejarse leer , corriendo y saltando de una margen á otra . Total , que el adverbio debía de ser una cosa muy buena ; pero Cadalsito no lograba enterarse de ello claramente . Después leía páginas enteras , sin que el sentido de ellas penetrara en su espíritu , que no se había desprendido aún del asombro de la visión ; ni se le había quitado el malestar del cuerpo , á pesar de haber comido con tanta gana ; y como notase que al fijar la atención en el libro se ponía peor , tuvo por buen remedio el ir doblando una á una las puntas de las hojas de la Gramática , hasta dejar el pobre libro rizado como una escarola . En esto estaba cuando sintió que su abuelo salía del despacho . Se le había apagado la luz por falta de petróleo , y aunque no escribía , la obscuridad le lanzó de su guarida hacia el comedor . En éste y en el pasillo se paseó un rato el infeliz hombre , excitadísimo , hablando solo y dando algunos tropezones , porque la desigual y en algunos puntos agujereada estera no permitía el paso franco por aquellas regiones . Otras noches que se quedaban solos abuelo y nieto , aquél le tomaba las lecciones , repitiéndoselas y fijándoselas en la memoria . Aquella noche , Villaamil no estaba para lecciones , lo que agradeció mucho el pequeño , quien por el bien parecer empezó á desdoblar las hojas del martirizado texto , planchándolas con la palma de la mano . Poco después , el mismo libro fué blando cojín para su cabeza , fatigada de estudios y visiones , y dejándola caer se quedó dormido sobre la definición del adverbio . Villaamil decía : « Esto ya es demasiado . Señor Todopoderoso . ¿ Qué he hecho yo para que me trates así ? ¿ Por qué no me colocan ? ¿ Por qué me abandonan hasta los amigos en quienes más confiaba ? » Tan pronto se abatía el ánimo del cesante sin ventura , como se inflamaba , suponiéndose perseguido por ocultos enemigos que le habían jurado rencor eterno . « ¿ Quién será , pero quién será el danzante que me hace la guerra ? Algún ingrato , quizás , que me debe su carrera » . Para mayor desconsuelo , se le representaba entonces toda su vida administrativa , carrera lenta y honrosa en la Península y Ultramar , desde que entró á servir allá por el año 41 y cuando tenía veinticuatro de edad ( siendo Ministro de Hacienda el Sr . Surrá ) .
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