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— Sí que es un asco . — También Posturas tenía malas ideas . Una tarde nos dijo que se iba á echar una querida y á jugar á la timba . ¿ Qué cree usted ? Fumaba colillas y era muy mal hablado . — Todas esas mañas se le quitan aquí . — ¿ Dónde está que no le veo con usted ? — Todos castigados . ¿ Sabes lo que me han hecho esta mañana ? Pues entre Posturitas y otros pillos que siempre están enredando , me cogieron el mundo , ¿ sabes ? , aquel mundo azul que yo uso para llevarlo en la mano , y lo echaron á rodar , y cuando quise enterarme , se había caído al mar . Costó Dios y ayuda sacarlo . La suerte que es un mundo figurado , ¿ sabes ? , que no tiene gente , y no hubo que lamentar desgracias . Les di una mano de cachetes como para ellos solos . Hoy no me salen del encierro . . . — Me alegro . Que la paguen . Y dígame , ¿ dónde les encierra ? La celestial persona , dejándose tirar de las barbas , miraba sonriendo á su amigo , como si no supiera qué decir . — ¿ Dónde les encierra ? . . . á ver . . . diga . . . La curiosidad de un niño es implacable , y ¡ ay de aquel que la provoca y no la satisface al momento ! Los tirones de barba debieron de ser demasiado fuertes , porque el bondadoso viejo , amigo de Luis , hubo de poner coto á tanta familiaridad . — ¿ Que dónde les encierro ? . . . Todo lo quieres saber . Pues les encierro . . . donde me da la gana . ¿ Á ti qué te importa ? Pronunciada la última palabra , la visión desapareció súbitamente , y quedóse el buen Cadalso hasta la mañana , durante el sueño , atormentado por la curiosidad de saber dónde les encerraba . . . ¿ Pero dónde diablos les encerraría ? XLI No pareció Víctor en toda la noche ; pero á la mañana , temprano , fué á reiterar la temida sentencia respecto á Luis , no cediendo ni ante las conminaciones de doña Pura , ni ante las lágrimas de Abelarda y Milagros . El chiquillo , afectado por aquel aparato luctuoso , se mostró rebelde á la separación ; no quería dejarse vestir ni calzar ; rompió en llanto , y Dios sabe la que se habría armado sin la intervención discreta de Villaamil , que salió de su alcoba diciendo : « Pues es forzoso separarnos de él , no atosigarle , no afligir á la pobre criatura » . Asombrábase Víctor de ver á su suegro tan razonable , y le agradecía mucho aquel criterio consolador , que le permitiría realizar su propósito sin apelar á la violencia , evitando escenas desagradables . Milagros y Abelarda , viendo el pleito perdido , retiráronse á llorar al gabinete . Pura se metió en la cocina echando de su boca maldiciones contra los Cabreras , los Cadalsos y demás razas enemigas de su tranquilidad , y en tanto Víctor le ponía las botas á su hijo , tratando de llevársele pronto , antes que surgieran nuevas complicaciones . — Verás , verás — le decía — qué cosas tan monas te tiene allí la tía Quintina : santos magníficos , grandes como los que hay en las iglesias , y otros chiquitos para que tú enredes con ellos ; vírgenes con mantos bordados de oro , luna de plata á los pies , estrellas alrededor de la cabeza , tan majas . . . verás . . . Y otras cosas muy divertidas . . . candeleros , cristos , misales , custodias , incensarios . . .
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